Por Irma Ariola Medina.
Artista multidisciplinar —poeta, pintora, ilustradora, escultora, activista cultural y Técnica Agente de Igualdad. Su obra une arte, conciencia social y resiliencia.
Nunca quise ser princesa. Prefería disfrazarme de Pipi Calzaslargas.
Nací en Las Palmas de Gran Canaria el 21 de diciembre de 1970, en una familia donde el arte formaba parte de la vida cotidiana. Mientras mis hermanas se inclinaban por la música, yo además, encontré mi lenguaje en la palabra, el color y la creación silenciosa.

Mi madre, gaditana y poeta, me transmitió sensibilidad, empatía y fortaleza ante la adversidad. Mi padre, traumatólogo, cirujano e investigador científico canario, me enseñó disciplina, constancia y rigor. De ambos heredé una forma de mirar el mundo: con emoción y perseverancia.
Desde niña escribía poemas, dibujaba y pintaba regalando fragmentos de mi mundo interior. En el jardín de casa, en el Monte Lentiscal, un pequeño castillo de cemento rodeado de arena se convertía en mi primer espacio creativo. Allí modelaba esculturas efímeras a solas. ya el arte sería siempre un refugio. Algunos veranos viajé a Inglaterra, clases de inglés, museos, pistas de tenis y nuevas culturas, ampliaron mi mirada y mi sensibilidad artística.
Con formación en “Técnica de Empresas y Actividades Turísticas”, Directora de Establecimientos de Empresas Turísticas. Guía Intérprete de Inglés y Alemán. Contable. Desarrollé una trayectoria profesional en el sector hotelero, desde recepcionista y reservas hasta la dirección de tres complejos turísticos en Canarias.
Tras la muerte de mi madre en 2010, la pintura y la escritura se convirtieron en refugio y urgencia vital.
Mi trayectoria literaria incluye cuatro poemarios, múltiples colaboraciones en revistas internacionales y proyectos colectivos. Mi poemario Náufraga en tu piel, Ediciones Aguere, ilustrado por mí, tuvo gran repercusión por abordar la poesía erótica y el homoerotismo femenino desde una mirada libre y humanista. También he participado en iniciativas culturales vinculadas a la igualdad, mesas redondas, charlas de los derechos LGTBIQ+ y la acción social.
“Soy mujer, lesbiana, y mi arte nace de una convicción profundamente humanista”
“El arte no solo ha sido una forma de expresión en mi vida: ha sido una forma de permanecer.”

En artes plásticas he participado en más de cuarenta exposiciones colectivas nacionales e internacionales y diez individuales, muchas de ellas relacionadas con el Día Internacional de la Mujer, el 25 de noviembre, ECOARTE y diferentes causas sociales.
Entre ellas destaca la exposición solidaria a favor de Afesur, Dignas sin tabú, centrada en la salud mental, con poemas en cada obra, así como mi participación en el Primer Congreso de la Paz y las Artes en Michoacán, México, 2024 donde presenté un poema por la paz y la escultura Portadora de la paz, recibiendo la Conmemoración literaria Medalla Benemérito de la Paz.
Pero en 2021 la vida me puso frente a una prueba inesperada.
Un accidente de tráfico por alcance provocó una gran lesión cervical, dos hernias: C4-C5 y la C5-C6 con compresión del cordón medular – mielopatía cervical y estenosis lumbar. La cirugía era necesaria, pero el proceso estuvo lleno de incertidumbre y complicaciones quirúrgicas. Tras la primera intervención perdí la movilidad en brazos y manos. En aquellas noches largas y silenciosas a solas en el hospital, durante la pandemia, imaginaba dibujos en mi mente mientras me preguntaba si volvería a sostener un pincel.
Ocho meses después fue necesaria una segunda operación urgente en el Hospital insular con neurofisiología para evitar quedar inmóvil y atrapada en un dolor irresistible en todo mi cuerpo. Durante esa intervención viví una experiencia cercana a la muerte, justo cuando me reemplazaron la prótesis C5-C6 y habían descomprimido la médula el cuerpo se paró. Estaba sola en el hospital debido a las restricciones sanitarias, pero sentí una paz profunda: la certeza de que seguir viva ya era una forma de renacer. Mi médula espinal estuvo comprimida un año y era un regalo estar viva.
Después de aquello, todo cambió. Tuve que aprender de nuevo a caminar, a vestirme, a escribir y a pintar. Recibí el cuidado de mis hermanas hasta poder valerme por mí misma.
Convivo con una enfermedad neuromuscular, por la lesión medular, síndrome de horner ojo derecho y discapacidad del 74 %, con movilidad reducida y con prótesis cervicales que forman parte de mi nueva realidad.
Pero fue precisamente ahí donde apareció con más fuerza la resiliencia. El pincel se me caía de las manos muchas veces. Y muchas veces lo volví a recoger. Escribía caligrafía.
“ Pinto para despertar conciencia y sensibilidad, no solo para mostrar belleza.”

Tuve que transformar mi forma de crear. Dejé atrás los formatos grandes y retomé la acuarela, pastel y pequeñas esculturas en barro. En ese proceso encontré una nueva manera de crear: más lenta, más consciente, más profunda.
Después de desafiar la muerte más de una vez, comprendí que renacer no es solo volver a vivir, sino aprender a vivir de otra manera.
“Renacer es seguir creando incluso cuando las manos tiemblan.”
Durante la rehabilitación descubrí la fuerza de la mente, la espiritualidad, la naturaleza y el arte como aliados en el proceso de sanación. Cada obra empezó a convertirse en un acto de esperanza. Hoy mi pintura es una forma de conciencia poética: un canto visual a la empatía, la justicia y la libertad.
He aprendido que la superación no siempre se mide en grandes logros visibles. A veces vive en gestos pequeños: volver a intentarlo, aceptar los límites sin renunciar a la esencia, seguir creando incluso cuando el cuerpo cambia.
Renacer no ocurre una sola vez. A veces sucede muchas veces a lo largo del camino. Renacer es levantarse cuando el cuerpo duele. Seguir creando cuando todo parece incierto. Encontrar belleza incluso en medio de las cicatrices.

“ Inclusión que da alas, diversidad que brilla en vida, dignidad y libertad. ”
Hoy sé que la resiliencia también tiene forma de arte. Y que cada mujer que se reconstruye a sí misma está, de algún modo, transformando el mundo.
Cuando una mujer se atreve a mostrar sus grietas con valentía, su voz deja de ser herida y se convierte en luz para muchas otras. Eso también es sororidad.
Mi más profundo agradecimiento a Gema Díaz, directora de la revista “Más nosotras” , por darme la oportunidad de abrir mi alma y compartir el regalo de mi bendita existencia. Un honor y privilegio pintar la ilustración de la portada de la revista para conmemorar el Día Internacional de la mujer – 8M –