Por Yanira y Yurena Ramos.
La historia de las hermanas Yanira y Yurena Ramos entre la maternidad, las aulas y el rock
Crecimos entre acordes, micrófonos y escenarios improvisados en cualquier rincón de casa. Desde muy pequeñas, mientras otras niñas jugaban a ser princesas, nosotras soñábamos con ser cantantes y profesoras, con enseñar y aprender, con alzar la voz y también escuchar. Siempre soñamos en plural, porque nunca nos entendimos la una sin la otra.
Nuestra familia Ramos siempre ha estado rodeada de música. No era solo un entorno: era una forma de vivir. Nuestros padres se convirtieron en managers por amor, por una fe ciega en los sueños de su hijo e hijas. Nuestro hermano Jonathan Ramos caminó a nuestro lado desde el principio, tocando el teclado y ejerciendo como productor musical, y nuestra prima, la cantante Cristina Ramos, fue parte esencial de esta aventura que se fue construyendo con esfuerzo, ilusión y muchas horas de preparación y ensayos. Nuestros primos se encargaban del montaje de sonido y de la iluminación.
Cada concierto era una celebración familiar, un acto de amor colectivo. Todos remando en la misma dirección: hacer posible el sueño de unas niñas que querían cantar. Pero siempre tuvimos claro algo más. Amábamos la música, sí, pero también queríamos estudiar, formarnos, tener una carrera universitaria y una profesión. Nunca vimos incompatible el escenario con las aulas, los aplausos con los libros.
Apostamos por una vida plena, sin renuncias impuestas, aunque el camino no siempre fuera fácil. Recorrimos pueblos, fiestas y escenarios de Las Islas Canarias y del norte de España.

Grabamos muchos videoclips, vivimos giras interminables y publicamos cinco trabajos discográficos entre versiones y temas propios.
Cada canción era un pedazo de vida, cada actuación un recuerdo imborrable. La música no era solo un trabajo: era disfrute, identidad y hogar.
Durante cinco años, Madrid se convirtió en nuestra nueva escuela de vida. Allí crecimos, estudiamos, viajamos y vivimos experiencias que nos transformaron. Pero la vida, como la música, cambia de ritmo. Volvimos a la isla de Gran Canaria siendo madres, con el corazón lleno y las prioridades recolocadas.
Y entonces llegó una pausa. Una pausa necesaria, profunda, inevitable. Porque ser mujer también significa, muchas veces, tener que parar. Parar la carrera, los focos, los proyectos. Parar para criar, para cuidar, para sostener.

Una pausa que no siempre se valora, que no siempre se entiende como parte del camino profesional, pero que marca para siempre. La maternidad no apagó nuestros sueños: los transformó. Tras unos años de crianza, cuando la vida volvió a pedir escenario, decidimos retomar nuestra pasión. Así nació Chicas Melodía, un nuevo proyecto, una banda grande, con músicos excelentes y un directo poderoso. Volvimos con otro estilo musical, con más fuerza, más experiencia y más verdad. Pero también nos encontramos con una realidad dura: era como empezar de cero. Un mundo, el del rock, donde el panorama sigue estando mayoritariamente dominado por hombres y donde a las mujeres aún se nos exige demostrar el doble. Aun así, lo disfrutamos a cada instante y trabajamos juntas con la ilusión que siempre nos ha caracterizado desde niñas.

Porque los sueños no tienen caducidad y la pasión no entiende de pausas. Porque volver también es un acto de valentía. Porque ser madres, artistas y profesionales no debería ser una heroicidad, sino una posibilidad real. Hoy seguimos soñando, cantando y viviendo la música en familia. Miramos atrás con orgullo y hacia adelante con ilusión. Nuestra historia es la de muchas mujeres que aman su vocación, que se detienen cuando la vida lo pide y que regresan más fuertes, más conscientes y más libres.
Este 8 de marzo, nuestra historia quiere ser un homenaje a todas las mujeres que no renuncian a sus sueños, aunque el camino tenga silencios.
Porque a veces, parar también es avanzar. Y porque soñar, cuando se hace en familia, dura toda la vida. Este año, además, marca un nuevo punto de partida. Publicamos nuestro nuevo single, acompañado de un videoclip muy potente, fresco y divertido, que refleja no solo nuestra evolución musical, sino también la madurez y la complicidad que nos ha dado el camino recorrido.
Con este lanzamiento comenzamos cumpliendo nuestros propósitos de 2026, un año que llega cargado de ilusión, escenarios y nuevas oportunidades. Volvemos con más fuerza, con un mensaje claro y con la certeza de que los sueños, cuando se cuidan y se trabajan, siempre encuentran la forma de volver a sonar.