La Cueva Madre: Un viaje al útero sagrado de Gran Canaria en el Día de la Madre

En un rincón aún virgen de la memoria insular, donde el tiempo parece detenerse y la tierra aún susurra historias olvidadas, surge un espacio en pleno desarrollo que late con fuerza propia: Villa Don Juan. Cueva Madre. No es solo una finca, ni una simple cavidad geológica. Es un monumento vivo al origen, un santuario laico donde pasado, presente y futuro se dan la mano para recordarnos quiénes somos y de dónde venimos.

Con motivo del Día de la Madre, esta publicación adquiere una dimensión especial, porque hablar de la Cueva Madre es hablar de la primera matriz protectora, de aquellas mujeres que habitaron estas piedras mucho antes de que existiera la memoria escrita. Es hablar de Attidamana, la primera Reina Aborigen de Gran Canaria, conocida también como la Reina Madre.

El eco de Attidamana: la primera madre de Gran Canaria.

Según las investigaciones y la tradición oral rescatada, este espacio aborigen, por sus singulares características, pudo haber sido la Cueva Ritual de Attidamana. Una cueva que no era un hogar cualquiera, sino un lugar de poder, de conexión espiritual y de gobierno. Allí, hace siglos, una mujer ejercía el liderazgo, protegía a su pueblo y transmitía el conocimiento sagrado de la tierra. Ella fue la primera matriz política y cultural de la isla.

En tiempos donde el matriarcado guanche y canario aún era una realidad en muchos aspectos, Attidamana representa el arquetipo de la Madre Protectora y Gobernante. No solo dio vida, sino que enseñó a defender la identidad, a honrar la naturaleza y a mantener vivas las costumbres frente a lo desconocido. Por eso, cuando caminamos hoy por los rincones de la Cueva Madre, no es difícil sentir su presencia: un eco cálido que recuerda a esas mujeres que allí vivieron, que allí nos defendieron y nos enseñaron.

Un renacer entre aguas y memorias. 

La historia de este lugar es tan caprichosa como fascinante. Tras la conquista de Canarias, el espacio original fue reutilizado y transformado. Hace aproximadamente 200 años, sus paredes y suelo fueron impermeabilizados y reforzados para convertirlo en un embalse de agua. Esta intervención, aunque práctica, ha hecho que no haya sido incluido oficialmente dentro del espacio arqueológico protegido de la zona. Sin embargo, como bien apuntan los custodios de Villa Don Juan, “sin duda conserva su belleza”.

Y vaya que la conserva. Esa mezcla de lo sagrado aborigen con lo útil de tiempos posteriores le otorga una personalidad única. Es una cueva que ha sabido reinventarse sin perder su alma: primero refugio ritual, después depósito de vida (el agua), y ahora un lugar de encuentro para el arte, la tradición y el bienestar. 

Un espacio versátil con alma materna.

Hoy, la Cueva Madre se abre al mundo como  un lugar mágico que comienza a tomar forma en cada rincón. La visión de sus gestores es clara: convertirlo en un punto de encuentro versátil para cualquier manifestación artística y cultural. Desde producciones cinematográficas y musicales hasta sesiones fotográficas, pasando por talleres de tradiciones canarias, eventos de salud y bienestar.

Pero lo que realmente diferencia a este espacio es la sensación de calma que lo envuelve. Esa calma que solo proporcionan los lugares con memoria materna, donde el tiempo se detiene y uno puede aprender, mejorar y avanzar en un entorno que abraza como un útero de piedra. Por eso no es casualidad que su nombre resuene con el Día de la Madre: porque aquí se respira la continuidad de esos valores instintivos que nos protegen frente al mundo que nos rodea.

Recuperar costumbres para ponerlas en valor

El equipo de Villa Don Juan no solo quiere conservar un espacio físico, sino recuperar un legado de costumbres. Esas que estuvieron a punto de perderse entre la conquista, el paso de los siglos y la modernidad. La propuesta es clara: sumergirse en diferentes experiencias que nos reconecten con lo esencial. Desde rituales de silencio y contemplación hasta talleres de artesanía y música ancestral.

En cada actividad, late el homenaje a las primeras pobladoras de Canarias, aquellas madres anónimas que trabajaron la tierra, criaron a sus hijos en cuevas y laderas, tejieron la pírgana y transmitieron el idioma y los mitos. Ellas son las ancestras olvidadas, y la Cueva Madre es su templo.

Una invitación para este Día de la Madre

Este año, cuando celebres a tu madre, quizás quieras hacerlo de una forma distinta. No solo con un regalo, sino con un acto simbólico de reconocimiento a todas las madres que habitaron estas islas antes que nosotras. Visitar la Cueva Madre es como rendir un homenaje silencioso a Attidamana y a todas aquellas mujeres de las que nadie recuerda su nombre, pero cuyo ADN sigue corriendo por nuestras venas. Porque la Cueva Madre es, en esencia, una expresión directa de esas mujeres que allí vivieron, que defendieron su tierra con uñas y dientes, y que nos legaron la capacidad de resistir y de crear belleza desde la piedra más dura.

Contacta con ellos para conocer horarios, experiencias y próximos eventos a través de su teléfono 675090880

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