Decálogo de la buena madre

Por ARANZAZU G. BUTIER.

¿Qué es ser madre? Me pregunto, tal y como se cuestiona la insoportable duda sobre ¿qué es ser mujer? Y es que de ambas preguntas se obtienen respuestas parecidas: seremos lo que el sistema y la sociedad esperan que seamos.

Hasta este momento he sido muy crítica con la celebración de este día. Lo seguiré siendo, sin duda, pero ahora que estoy creando vida en mi interior, rechazo cualquier expectativa creada sobre mí. Solo reconozco en mi nuevo yo seguir siendo una figura de referencia para quien viene en camino. Una persona, adulta y funcional, que con consciencia decide aportar vida a la comunidad. Y sí, sé que sobran humanos en este planeta, pero también sé que falta humanidad.

A lo largo de mi rocambolesca vida he puesto toda mi energía en deconstruir dentro de mí aquellos aprendizajes que había ido adquiriendo sobre quién ser y cómo debía comportarme. No solo lo hacía por mí, también porque estoy convencida de que aquellos cambios que comienzan en nosotras se proyectan en nuestro entorno o, como diría una amiga a la que admiro, en nuestro pequeño metro cuadrado.

¿Cómo hacer más bonito este mundo si no empezamos por el nuestro?

¿Sabes? He observado la maternidad con detenimiento. Lo hago desde que soy hija. Me he preguntado muchas veces no solo qué significaba ser una buena madre, sino también qué significaba ser la hija que todos esperaban. Y son esas preguntas las que me han hecho entender que ambos términos han sido encasillados para mantenernos en silencio, para no molestar, para obedecer… y para sufrir también. Porque una madre que no sufre jamás será una buena madre (entiéndase la ironía).

Justo quisiera detenerme aquí: el romanticismo del sufrimiento materno.
Desde que lo he anunciado, recibo mensajes a diario que reafirman este pensamiento.

  • ¿Tienes náuseas? ¿Estás que te arrastras? ¿Tu vida se ha paralizado por completo por ser un embarazo de riesgo? ¿Has dejado de trabajar y de hacer deporte por recomendación? ¿Tienes insomnio?… NO IMPORTA, porque estás viviendo la experiencia más bonita de cualquier mujer: SER MADRE.  
  • ¿Que no vas a dar a luz de forma natural? ¿Por cesárea? ¿Estás segura? ¿Sabes lo salvaje que resulta hacerlo como buena mamífera? ¿Te vas a perder ese sufrimiento que te trae a lo mejor que te habrá podido pasar en la vida? ¿Sabes lo que es que te pongan a tu bebé en el pecho después de tan desgarrador momento? 
  • ¿Que no vas a dar el pecho? A mí me dio ansiedad, me sangraba el pezón, no me permitía continuar con mi dinámica vital, generaba enfrentamientos con mi pareja porque el bebé solo se calmaba conmigo, incluso llegué a rechazarlo y, aunque me hacía sentir apática y triste, jamás me rendí… ¿Sabes la conexión tan bonita que creas con tu bebé? ¿Y qué me dices de lo idílico que suena que ese pequeño ser solo dependa de ti y tú de él…? 

¡Vaya! Imagino que esto será así a lo largo de todo mi ejercicio de la maternidad. Es decir, a lo largo de toda mi vida. Madres de primera y madres de segunda. Madres sufridoras y madres disfrutonas.

Sí. Mi bebé nacerá por cesárea, y no tengo ni siquiera que explicar el motivo. Y sí, no voy a dar el pecho. No lo haré porque lo que sí he hecho antes de decidir crear vida es conocerme lo suficiente para saber qué límites puedo tolerar y qué otros límites no.

Lo que, con toda seguridad, voy a hacer en el ejercicio de mi maternidad es no repetir los patrones que se impusieron sobre mí como hija.

Lo que, con toda seguridad, voy a hacer en el ejercicio de mi maternidad es no crear expectativas sobre quien está por llegar.

Lo que, con toda seguridad, voy a hacer en el ejercicio de mi maternidad es proveer de afecto, seguridad y libertad a quien comenzará su vida conmigo.

Lo que, con toda seguridad, voy a hacer en el ejercicio de mi maternidad es brindarle un hogar estable y equilibrado, sin alertas constantes que le hagan ver este mundo como un desafío y no como un lugar que habitar, sin más.

Antes de ser madre me decían: si no eres madre, no sabrás lo que supone serlo. Pues sigo sin querer saberlo, porque ser madre no será más que reforzar la idea de mi responsabilidad como adulta de proteger a las infancias, formen o no parte de mí. Es lo que he hecho hasta ahora y lo que seguiré haciendo, aún con más motivo. Porque lo primero que hemos de saber es que la primera infancia que protegemos y cuidamos no debe ser la que procreamos, sino aquella que guardamos en nuestro interior y a la que nunca hemos escuchado.

Y sí, voy a dar vida, pero Lola jamás me deberá la suya.

Must Read

Artículo anterior
Artículo siguiente

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí