Por Marian Acuña.
Mi nombre es Marian Acuña y soy profesional en estética y masaje desde hace más de veinte años. Sin embargo, definirme únicamente desde lo profesional sería quedarme corta.
Mi historia es la de una mujer que aprendió a levantarse una y otra vez, que transformó el dolor en fortaleza y que convirtió el cuidado del cuerpo en un camino de sanación, conciencia y amor propio
Nací en Caracas y crecí en un hermoso pueblito llamado Curiepe, en Venezuela, dentro de una familia donde los valores, la educación y el respeto fueron siempre la base. Fui criada por una mujer excepcional: mi madre, Esther Josefina Rivas, una gran madre y maestra. Ella fue mi guía, mi refugio y mi primer ejemplo de lo que significa ser una mujer íntegra, trabajadora y amorosa. Con firmeza y ternura me enseñó el valor de la honestidad, la humildad, el esfuerzo y la gratitud.
Durante muchos años no comprendí del todo la profundidad de sus consejos. Como suele ocurrir, fue el tiempo quien les dio sentido. Hoy puedo decir que cada una de sus enseñanzas vive en mí y se refleja tanto en mi vida personal como en la forma en la que trabajo y me relaciono con los demás.
Mi madre al fallecer dejo en mi vida una tristeza tan profunda que resulta difícil de explicar con palabras. Su partida marcó un antes y un después. En medio de ese duelo llegué incluso a inventarme una madre que seguía viva: le preparaba café, hablaba con ella, la sentía presente. Era mi manera de sobrevivir a una ausencia y soledad que no sabía cómo sostener. Tras su muerte, atravesé una de las etapas más duras de mi vida. Pasé hambre, viví en la calle y sobreviví a tres intentos de violación, experiencias que marcaron profundamente mi alma. Sin embargo, lejos de llenarme de odio o rencor, me hicieron más consciente y humana. Porque, así como conocí la maldad, también fui testigo de la bondad más genuina.

Personas que no me conocían me tendieron la mano, me abrieron las puertas de sus hogares y me ofrecieron apoyo incondicional. Gracias a ellas comprendí que incluso en los momentos más oscuros, el amor siempre encuentra la forma de manifestarse. Esa certeza fue clave para no rendirme. A pesar del dolor, nunca perdí mi capacidad de mirar la vida desde lo positivo. Aprendí a bloquear los pensamientos negativos y a enfocarme en lo bueno, incluso cuando parecía poco. Esa manera de pensar se convirtió en una de mis herramientas más poderosas para seguir avanzando.
Desde muy joven sentí una conexión profunda con el cuerpo humano. El masaje y la estética no llegaron a mi vida por casualidad, sino como una vocación. Descubrí que a través del tacto consciente podía aliviar no solo tensiones físicas, sino también cargas emocionales. Comprendí que el cuerpo guarda memorias, emociones y vivencias, que cuando se le escucha con respeto, responde.
Con los años me formé de manera constante, perfeccionando técnicas y adquiriendo experiencia, siempre con la intención de ofrecer un trabajo honesto, profundo y personalizado. Para mí, la estética nunca ha sido superficial; es una herramienta de bienestar integral que conecta cuerpo, mente y emociones.
En 2008 conocí a mi pareja, y desde entonces mi vida comenzó a transformarse para bien. Su apoyo y estabilidad emocional me permitieron seguir creciendo. En 2013 nació mi hija, el regalo más grande que la vida me ha dado. Con ella conocí el amor más puro e incondicional. Ser madre me dio una nueva razón para luchar y construir una vida con propósito.

En 2019 tomamos la decisión de emigrar y comenzar de nuevo en Las Palmas de Gran Canaria. Fue un proceso lleno de retos, adaptación y aprendizaje, pero también de crecimiento personal y profesional. Empezar de cero en otro país requiere valentía, constancia y fe, y yo estaba dispuesta a darlo todo. Trabajé con dedicación, reafirmando mi vocación y mi compromiso con el bienestar de las personas. Cada experiencia, cada cliente y cada desafío reforzaron mi deseo de crear un espacio propio donde pudiera plasmar mi filosofía de trabajo y mi visión del cuidado integral.
Ese sueño se hizo realidad en noviembre de 2023, cuando nació Hygge by Marian Acuña, mi centro de belleza y bienestar. Este espacio es una extensión de mi historia y de mis valores. Hygge representa calma, cuidado, presencia y conexión; un lugar donde las personas pueden sentirse seguras, escuchadas y acompañadas.

Hoy mi trabajo se basa en brindar amor a través de cada tratamiento. Creo firmemente que cuando aprendemos a gestionar nuestra mente y actuamos desde el amor, somos capaces de generar cambios profundos en nuestro cuerpo y en nuestra vida. Mi enfoque va más allá de lo estético: acompaño procesos, educo, escucho y ayudo a las personas a reconectar consigo mismas.
Después de más de veinte años de trayectoria, puedo decir con orgullo y gratitud que todo lo vivido me ha llevado a ser la mujer y la profesional que soy hoy. No llegué hasta aquí por casualidad, sino por perseverancia, disciplina y fe. He aprendido a valorar cada pequeño avance y a agradecer cada paso del camino.

Soy una mujer valiente, luchadora y perseverante, pero también sensible, empática y profundamente agradecida. Tengo una familia que me ama, personas que me apoyan y una vocación que me permite servir desde el corazón.
Si estás leyendo estas palabras y te sientes identificada con mi historia, quiero que sepas algo importante: no estás sola. Cree en ti. No bajes los brazos. Dios está contigo. Enfócate en lo bueno, agradece cada avance y sigue adelante. Siempre es posible volver a empezar y construir una vida con sentido.