Cuando cerrar no fue rendirme, sino seguir

Por Itahisa Rodríguez.   

Durante mucho tiempo pensé que con ilusión y ganas bastaba para sostener un sueño. Que si trabajabas duro y ponías el corazón, las cosas saldrían adelante.

Con los años me di cuenta de que eso no siempre alcanza. Y que los sueños, a veces, cambian. 

En 2011 abrimos un centro de ocio infantil. Siempre me ha atraído el mundo de

la infancia: su curiosidad, su autenticidad, esa manera tan directa de estar en la vida. Me sentía muy conectada con eso. Crear un espacio para ellos tenía mucho sentido para mí.

En el día a día me encargaba del funcionamiento del centro: proveedores,

familias, equipo, decisiones constantes… todo lo que no se ve cuando se habla de emprender. 

Ahí comprendí que un negocio no es solo ilusión, también es responsabilidad y aguante, incluso cuando estás agotada.

Aun así, seguimos adelante durante ocho años y medio. Hasta que llegó un momento en que el negocio empezó a flojear.

Cerrar no es solo bajar una persiana. Es despedirte de una etapa y de una

parte de ti.

Yo no viví ese cierre como necesitaba. No me permití hacer el duelo. A mi alrededor escuchaba que era lo mejor, que mejor ahora que más adelante, que ya vendría otra cosa. Y seguí. Sin parar. Sin darme tiempo para sentir lo que dolía. 

En el último año del local empecé a estudiar Integración Social. No fue una decisión muy planificada; fue más bien una intuición. Algo dentro de mí estaba buscando otro lugar desde el que mirar. Terminé los estudios en 2020, justo cuando el mundo se paró.

Ese momento removió muchas cosas. También  hizo más visible algo que ya venía sintiendo: que el peso del cuidado recae, casi siempre, en las mujeres.

Mujeres cansadas.

Mujeres sosteniendo.

Mujeres con poco espacio propio.

Se hablaba de autocuidado, pero muchas veces como una herramienta para seguir cuidando a otros, no porque lo merezcamos por ser quienes somos. Sentí que hacía falta algo distinto.Un lugar para parar. 

Un espacio para hablar, escucharnos y sentirnos acompañadas sin tener que dar explicaciones. Con mi mejor amiga empezamos a crear círculos de mujeres. Los

necesitábamos nosotras. Necesitábamos red. En 2022 hicimos el primero y algo se movió.

De ahí nació Mujeres Acompañando Mujeres.

Primero como encuentros. Después como una comunidad que hoy acompaña a mujeres en distintos momentos de su vida, con una idea muy simple: no caminar solas.

Espacios para parar.

Para volver a la curiosidad.

Para reír sin motivo.

Para recordarnos que también importamos

.

En este camino he seguido reinventándome. Hace algo más de un año tomé otra decisión importante: empezar a trabajar también por cuenta ajena. No lo viví como un paso atrás.

Lo viví como una forma de sostenerme. Necesitaba estabilidad y tranquilidad

para seguir desarrollando mi proyecto y mi propósito. Algunas personas lo vieron como volver atrás; yo lo sentí como una manera de seguir sin romperme.

Hoy combino ambas cosas. Acompaño a mujeres. Acompaño procesos. Y sigo caminando sabiendo que la vida no es lineal y que cerrar una etapa no te deja sin camino.

A veces solo significa continuar. 

De otra manera.

Must Read

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí