“LA MIEL NO SE PRODUCE EN LAS ESTANTERÍAS DEL SUPERMERCADO”


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Natalia Díaz Luis, natural de Icod de Los Vinos, tiene 29 años y es apicultora profesional, con 200 colmenas de cultivo ecológico y una explotación de frutas y verduras ecológicas.

Vinculada desde siempre al sector primario, en mayor o menor medida, recuerda que, de pequeña, sus padres la dejaban con sus abuelos y la única forma de que comiera era tomarse el biberón al lado de las cabras o las gallinas.



Cuando llegó el momento de elegir estudios, se decantó por la biología, llegando a hacer un máster de biodiversidad y conservación. Recuerda que, a mitad de la carrera llegó a sus oídos que los polinizadores se estaban acabando y que las abejas estaban en declive, lo que estaba creando serios problemas. Por ello, decidió aportar su granito de arena, poniendo una colmena. Desde entonces, hasta ahora, han pasado ya 10 años y, lógicamente, además de formarse, ha ido aumentando el número de colmenas hasta dedicarse, profesionalmente, a la apicultura desde este año.

Considera que el mundo rural y el medioambiente deben ir de la mano. De hecho, el pasado mes de octubre inauguró un centro de divulgación, donde enseñan a los visitantes, mediante actividades según la edad, qué es la apicultura y la biodiversidad de Canarias, al tiempo que les explican la variedad de especies vegetales y también las especies de polinizadores con las que cuenta el archipiélago. 

Afirma que el sector apícola en Canarias está en auge. Que, antiguamente, el apicultor se dedicaba a esta labor como hobby, teniendo otra actividad principal, como estuvo ella al principio. Pero esto ha ido cambiando y surgen más apicultores que se dedican a su actividad en exclusiva, aunque cada vez lo tienen más complicado, debido al cambio climático. 

Y es que a nadie se le escapa que, en la actualidad, llueve menos, lo que se traduce en menos floración, plantas con menos néctar y menos polen, es decir, menos alimento para las abejas. Todo esto unido a los compuestos agroquímicos que se utilizan, está afectando directa e indirectamente a la apicultura y Natalia no tiene muy claro cómo será su futuro.

Y si, encima, las ayudas que se dan son sólo para grandes explotaciones, están condenados a desaparecer. Cree que deberían existir ayudas para pequeñas explotaciones que también están sosteniendo el sistema y manteniendo un paisaje

Por todo esto, Natalia ha diversificado su empresa para aprovechar todos los recursos que da la tierra. Se declara una entusiasta del mundo de las abejas y conoce a muy pocas personas que lo hayan dejado porque, según sus propias palabras, “te atrapa” y es “fascinante”.
Y no le viene de familia, digamos que la impulsora en su familia ha sido ella y nos reconoce que su padre se puso el traje de protección hace sólo un par de días, después de 10 años, para echarle una mano puntualmente. Está convencida de que Internet y las Redes Sociales son fundamentales para darse a conocer y que el público conozca su trabajo. 

Como dice ella, que sepan que la miel no se produce en las estanterías del supermercado. Además, le sirve para vender sus productos e, incluso, reservar para las próximas visitas que se recibirán en Ecoalpispa.

Cree que aún queda mucho por hacer, por parte de la sociedad, con el papel de las mujeres en el mundo rural. El motivo es que hay mucha desigualdad y les cuesta entender que una mujer pueda ir ‘sola’ a las colmenas, por ejemplo, sin la ayuda de un hombre. Sin embargo, afirma que, entre los apicultores y apicultoras, existe compañerismo y siempre se ayudan unos a otros. De todas formas, no cree que sean muy graves esos problemas y se trata de aspectos culturales que, con el paso del tiempo, irán desapareciendo. Además, agradece iniciativas en las que puedan encontrarse mujeres que se dedican al sector primario, que cada vez son más, con referentes muy buenos de agricultura y ganadería llevadas por mujeres.

Fotografías de Rubén Plasencia.

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