“Que las mujeres lucharan estaba un tanto estigmatizado”

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Por Ana D. Molina Carballo (El Paso, La Palma)

Nací en el municipio de El Paso en el año 1966. Soy la cuarta de los cinco hijos de Antonio Molina y María Lola Carballo.

A lo largo de mi vida, siempre he tenido relación con la lucha canaria de una u otra manera, porque ha sido una constante en mi vida, que me ha proporcionado muchas alegrías, aprendizaje, amistades y algún que otro momento amargo como las lesiones, aunque en conjunto lo positivo gana con diferencia. 

A la lucha llegué con 13 años, enamorada de un deporte que había conocido desde pequeña de la mano de mi padre. En una de esas luchas al que le acompañaba vi luchar a Teya Ramos, luchadora tinerfeña que estaba reforzando a la selección de La Palma y, su buen hacer en el terrero, me convenció de que si quería yo también podía luchar. Años después pude compartir vestuario con Teya, así como con otra grandísima luchadora: Isabel Padrón.

En aquellos tiempos y aún todavía en estos, aunque mucho menos, la lucha tenía cierto deje machista y que las mujeres lucharan estaba un tanto estigmatizado. Muchas compañeras tuvieron dificultades en casa a la hora de expresar su deseo de luchar, pero por suerte no fue mi caso, mi padre compartía la pasión conmigo y mi madre, aunque no le gustara, respetó mi elección y siempre me apoyó a su modo.

Empecé a luchar en Las Manchas, con un grupo de chicas que entrenaba para hacer exhibiciones en las fiestas del barrio y, como anécdota, recuerdo que mi primera lucha fue de “Solteras contra casadas”.

Participamos en numerosas luchas con fines benéficos y, con el tiempo, se empezaron a hacer concentraciones regionales de luchadoras de todas las islas. Posteriormente, se inicia la liga federada. Participando ya en la liga y para desmarcarnos del equipo masculino de Las Manchas y crear algo nuestro, fundamos “El Tenercina”. En este equipo luché hasta los 36 años, cuando ficho por el Santa Rita de Gran Canaria, donde me retiro con 39.

Me retiro con la satisfacción de haber sido la primera mujer en hacer doblete, ganando en el mismo año el Campeonato por categorías y el Campeonato por pesos, este en dos ocasiones, enfrentándome en todas las finales  a dos hermanas de Fuerteventura, Noelia y María Cabrera; esta última fue mi máxima contrincante durante toda mi carrera y una gran amiga que me regaló este deporte.  

Cuando termino mi etapa como luchadora, me formo como monitora, técnico medio y árbitra. Como monitora estuve un año en la escuela de lucha Tajogaite, como árbitra 11 temporadas en las que llegué a ser árbitra de categoría A y, como técnico medio, tuve el placer de ser mandadora -en dos ocasiones- de uno de los combinados que participaron en la Luchada Institucional del Día de la Mujer.

Cuando me retiro como árbitra, surge una oportunidad para colaborar en la recuperación de la lucha femenina en La Palma, que llevaba seis años sin equipo y, con la máxima colaboración de la federación insular, conseguimos poner de nuevo en marcha “El Tenercina”, del que tengo la suerte de ser presidenta hasta el momento.

Desde la directiva, intentamos formar a las jóvenes luchadoras, además de en los valores que siempre han definido a este deporte, como la nobleza, en la importancia de la lucha por la igualdad de género. Es verdad que la lucha ha cambiado mucho en los últimos años, pero aún queda un largo camino por recorrer para que la mujer pueda desarrollar del todo su papel en este deporte. Yo espero haber puesto mi granito de arena, en cualquier posición en la que me he encontrado dentro de la lucha, para que esto sea una realidad. 

Me gustaría, por último, aprovechar esta oportunidad para agradecer públicamente a mis amigos y a mi familia, que me han apoyado  en cada proyecto que he llevado a cabo.  Especialmente  a  mis cuatro sobrinos, uno de los cuales Aitor Molina ha heredado mi pasión por la lucha y se ha convertido en un gran luchador.

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