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“Para la guerra nada”: El llanto de 165 niñas que la humanidad no puede ignorar

Por Gema Díaz, Directora Mas Nosotras

Como directora de la revista digital MAS NOSOTRAS, me veo en la obligación moral de alzar la voz. No puedo callar. No quiero callar.

Hoy, mientras escribo estas líneas desde Gran Canaria, intentando encontrar palabras que alivien la impotencia que me quema por dentro, pienso en 165 niñas. 165 vidas que empezaban a soñar. 165 pares de pies que quizás esa mañana calzaron con ilusión sus zapatos para ir a la escuela. 165 mochilas con cuadernos a medio usar. 165 risas que ya no volverán a escucharse en los pasillos de una primaria en Irán.

Un bombardeo. Una escuela. Niñas.

¿Qué clase de monstruosidad cabe en la mente de quienes deciden que un centro educativo, lleno de infancia, lleno de futuro, sea un objetivo? ¿Qué nombre tiene eso? No merece ni siquiera ser llamado “error” o “daño colateral”. Esto tiene un nombre claro y lo voy a decir sin titubeos: es una aberración. Es una barbarie. Es un crimen de lesa humanidad.

Y como mujer, como directora de un medio que lleva años dando voz a las historias de mujeres, siento que estas 165 niñas son también nuestras. Porque no importa la distancia, no importa la cultura, no importa la religión. Una niña asesinada en su escuela es una herida que duele en cualquier rincón del mundo.

Siento rabia. Una rabia que me desborda y que necesito expresar en estas páginas. Rabia porque hay quienes se arrogan el derecho de decidir sobre la vida y la muerte mientras hablan de paz. Rabia porque utilizan la palabra “paz” para justificar lo injustificable.

Porque Donald Trump mata en nombre de la paz. Lo hace cuando bombardea pueblos enteros, cuando siembra el caos, cuando decide qué vidas importan y cuáles son desechables. Habla de acuerdos mientras aprieta el gatillo.

Y Benjamín Netanyahu mata en nombre de la paz. Lo hace cuando sus bombas caen sobre escuelas, sobre hospitales, sobre casas. Lo hace cuando convierte la infancia en estadística, cuando normaliza lo monstruoso.

Ellos hablan de paz. Nosotras hablamos de 165 niñas muertas. No es lo mismo.

Mientras tanto, las 165 niñas iraníes ya no volverán a casa. Sus madres las esperaron con la comida preparada, con el beso de buenas tardes, con la pregunta de “¿qué aprendiste hoy en el colegio?”. Esa pregunta ya no tendrá respuesta. Nunca más.

Hoy, en esta semana en la que celebramos la fuerza de las mujeres de Gran Canaria, no puedo olvidar a esas otras mujeres, a esas otras madres, a esas otras hermanas que hoy vacían habitaciones y llenan cementerios.

Y necesito recordar a Marta Gómez. Esa cantautora que tanto nos ha enseñado con su ternura. Su canción “Para la guerra nada” se ha convertido en un himno a la paz, a la libertad y, sobre todo, al respeto a la infancia. Porque cuando ella canta que para la guerra no tiene nada, nos está diciendo que la guerra nunca, jamás, puede ser el camino. Nos está diciendo que los niños y niñas merecen crecer sin miedo, sin bombas, sin despedidas forzadas.

Exijo la paz. La exijo con la misma fuerza con la que condeno esta barbarie. La exijo desde esta pequeña trinchera que es nuestra revista digital, desde esta isla en medio del Atlántico que tanto sabe de mirar al horizonte. La exijo en nombre de esas 165 niñas que hoy son ángeles sin edad.

Y la exijo también en nombre de todas las madres que lloran, de todas las abuelas que maldicen, de todas las maestras que enterraron a sus alumnas. La paz no es un concepto abstracto. La paz es que una niña pueda ir a la escuela y volver a casa. La paz es que el recreo no sea bombardeado. La paz es que los cuadernos se llenen de sumas y restas, no de sangre.

Para la guerra nada. Ni un minuto más. Ni una niña más.

Desde Gran Canaria, con el corazón partido pero con la voz firme, me despido con el compromiso de seguir nombrando a esas 165 niñas, de no olvidarlas, de no permitir que su muerte sea una estadística más en el inmenso cementerio que la humanidad construye cada día.

Descanse la paz que los vivos no sabemos construir. Jueguen en el cielo, pequeñas. Que allí ninguna bomba interrumpa sus risas.

“Para la guerra nada”: El llanto de 165 niñas que la humanidad no puede ignorar

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