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“LAS PIEZAS QUE HE ELABORADO HAN LLEGADO A FRANCIA, PORTUGAL, ALEMANIA, MÉXICO Y A OTROS RINCONES DEL MUNDO”

Por María Isabel León Sánchez (Artenara)

Mi nombre es María Isabel, pero soy conocida como “Mari León”. No soy natural de Artenara, pero me siento como una artenarense más. No en vano, soy hija adoptiva de este municipio desde el año 2018, reconocimiento a mi dedicación al desarrollo de la alfarería en el barrio de Lugarejos y haber difundido el nombre de nuestro municipio a través de la cerámica tradicional en el marco de la cultura canaria. 

Lugarejos es conocido por el trabajo de las mujeres alfareras que fabricaban el ajuar necesario para los hogares de la época. En cualquier caso, las razones que me trajeron a este municipio, nada tienen que ver con mi profesión, ya que me casé en el 93 con un artenarense y, por tanto, llevo 27 años viviendo en este municipio.

Yo siempre tuve curiosidad por el tacto del barro y, un día ya en Artenara, estaba en casa de mi suegra Carmela Lugo, también locera, cuando vi varias piezas que ella tenía en un rincón de su casa y no pude evitar preguntarle dónde había comprado aquello tan bonito. Me dijo que lo había hecho ella y le propuse que me enseñara, pero ella insistía en que lo dejara porque eso daba mucho trabajo.

Al año siguiente (1994), me apunté en un curso de alfarería, siendo mis maestras: Manuela Santana y Carmela Lugo. En diciembre de 1994, las piezas elaboradas por todos los alumnos, alrededor de 200, fueron llevadas a la feria regional de artesanía para montar el stand del Cabildo de Gran Canaria.

Una vez finalizó la feria, decidí montar mi propio taller en una cuevita que tenía anexa a mi casa. Las cuevas son el sitio idóneo para la producción de la alfarería, ya que reúnen una serie de condiciones favorables para trabajar y mantener el barro. 

Ya en 1996 impartí mi primer curso en la Aldea de San Nicolás. A partir de ahí, he participado en numerosas ferias, eventos, dando cursillos, talleres, etc.

El primer año que empecé a trabajar en el centro locero fue en el 2002 y, desde entonces, ese ha sido mi lugar de trabajo durante estos últimos años, donde la herramienta principal son las manos empleando lo que el pinar ofrece: pinocha, piñas, monte, etc. Las piezas que he elaborado han llegado a Francia, Portugal, Alemania, México y a otros rincones del mundo.

Hace años, unas chicas mexicanas, visitaron mi taller y me entrevistaron porque iban a publicar un libro de artesanía con personas representantes de todo el mundo. De España figuraban una caladora de Ingenio y yo como alfarera.

El centro ofrece a sus visitantes el proceso tradicional de elaboración de la cerámica, así como una exposición de nuestra loza de Lugarejos.

Actualmente, estoy rescatando piezas y completando el ajuar de Lugarejos, porque es la que se hacía en la otra época, que fue sustituido por el aluminio y otros materiales. Soy la única locera en activo en Artenara, así como en la isla soy la única que trabajo alfarería exclusiva de Lugarejos.

Me dediqué a la alfarería de Lugarejos por hobby y ahora forma parte de mi vida y de mi historia. Quisiera aprovechar estas líneas para agradecer a mi suegra y a sus manos por pasarme su legado.

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