El mundo gira

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Por Raquel González (Tenerife)

Mi nombre es Raquel. Si estás leyendo este artículo, te advierto: no esperes encontrar el relato de una larga carrera en una profesión determinada. No puedo decir eso de: “desde pequeña supe lo que quería ser”. Pues no, precisamente no. A la pregunta de qué quieres ser de mayor respondía “cantante”, nunca hubiera dicho lo que he sido: fisioterapeuta, periodista y ahora profesora. En eso no acerté, pero en lo que no me equivoqué es en que en la vida hay que luchar por los sueños e ir siempre a por todas. Eso sí lo he conseguido.

Exprimir la vida al máximo, darlo todo en cada momento e ir a por mis sueños con todas sus consecuencias han sido los motores de mi vida, casi desde que tomé conciencia. Mis padres fueron mis cómplices; la confianza que depositaron en mí, desde muy pequeña, fue el empuje para arrancar y no parar, hasta hoy. 

Casi a punto de terminar mi paso por el instituto, decidí estudiar fisioterapia, una profesión humana, cercana, con la que podría ayudar a los demás. Después de terminar la carrera, me centré en enfermos neurológicos; primero con los pacientes que comenzaban a vivir y, unos años después, con los que se despedían de la vida. La experiencia fue maravillosa, pero mis inquietudes y mis ganas de aprender, me pusieron a las puertas de una emisora de radio local, en Puerto de la Cruz (Tenerife), mi localidad natal. 

Ese medio me conquistó y me motivó a estudiar periodismo para poder dedicarme en cuerpo y alma a aquella profesión de escucha, de empatía y de necesidad de dar voz al mundo. Fueron más de 10 años intensos, en los que fui testigo de situaciones desde durísimas a maravillosas. Años de mucho aprendizaje como reportera de televisión, me acercaron a realidades que, difícilmente, se hubieran cruzado en mi camino de no ser por esa profesión. Eso se lo debo, pero llegó un momento en el que sentí que había dejado de ser útil y pensé que la enseñanza sería una buena opción. Así es como llegué al presente. 

Actualmente, soy profesora de lengua, literatura y artes escénicas en un centro de secundaria y, si me preguntan, digo que me he estado preparando toda la vida, hasta hoy, para esto. Hoy me parece la profesión más hermosa del mundo, me siento útil y creo que, desde donde estoy, puedo hacer mucho. A medida que el alumnado va acabando esa etapa de secundaria y se tiene que enfrentar a la elección de hacia dónde orientar su vida, sienten pánico porque piensan que la decisión que tomen tiene que ser para siempre y que no hay marcha atrás. 

Pero no es real, las personas somos capaces de ver poco más allá de nuestro presente. A lo que viene después podemos anticiparnos, pero con mucha prudencia, ya que, por norma general, la vida nos demuestra que nadie puede controlarla. Así que yo les digo: “elijan dónde quieren verse ahora, que el después se irá poniendo delante”.  

En mi caso lo mismo: ¿la enseñanza será mi última elección? Conociéndome, y con 43 años, seguramente no. Quizás, incluso, acabo siendo cantante… No lo sé y no me preocupa esa incertidumbre.

Para mí el reto ha sido mantener la ilusión por los cambios, porque me gustan los cambios y, aunque a veces dan vértigo, una vez que das el paso traen infinidad de cosas buenas. Hay quien piensa que esos cambios se deben a que nunca he sido feliz, pero yo creo que es lo contario, es decir, que esos caminos nuevos me han abierto las puertas a nuevas oportunidades de serlo.

Por eso no he dejado de arriesgar, de dar el paso, de confiar. Y sin ponerme límites ni perder mi individualidad, aun siendo pareja y madre de tres hijos. Ellos ya me conocen y siempre me impulsan a perseguir mis sueños, porque al final son sueños compartidos y con los que todos crecemos. 

El mundo gira y con él, nosotras, las personas. En la medida que estemos abiertas a descubrir y vivir, se nos pondrán cosas delante que nos llevarán a experiencias únicas, que nos enriquecerán y que irán llenando nuestra vida de nuevas historias, con nuevos protagonistas. Son oportunidades para volver a descubrir, volver a crear, volver a dejarnos sorprender e,, incluso volvernos a enamorar. ¡Bienvenidas sean!

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