Raíces que sostienen, futuro que avanza

In

Por María del Mar Cabrera.

   Nací en Lanzarote y me crié en  Teseguite, un pueblo pequeño donde la vida no se explica: se vive. 

Vengo de una familia humilde dedicada a la agricultura, de manos con tierra, de días largos y de aprender pronto que las cosas no caen del cielo.

Soy la tercera y la más pequeña de tres hermanas. Cuando mis padres apenas llevaban dos años de casados, la vida nos cambió de golpe. Un accidente dejó a mi padre ciego. Mi madre se quedó con una niña pequeña y otra en camino. No hubo tiempo para preguntas ni para lamentos. Tocó seguir.

Crecí viendo a mi madre hacerlo todo. Absolutamente todo. Sostener la casa, sacarnos adelante, ayudarnos con los estudios como podía, buscar soluciones donde no parecía haberlas. Nunca me dio grandes discursos. Me enseñó mirando cómo luchaba cada día sin rendirse. Ahí aprendí lo que significa ser fuerte de verdad.

Mi infancia fue escuela y campo. Junto a mis hermanas trabajé desde pequeña en los arenados, recogiendo cebollas, arvejas y lo que tocara en cada cosecha. No era un juego, pero tampoco lo recuerdo con tristeza. Era nuestra realidad. Aprendí que el esfuerzo compartido une, que ayudar en casa era una forma de querernos y que nadie es menos por trabajar con las manos.

Mis padres, con lo poco que tenían, lograron algo enorme: que sus hijas estudiaran. Nos inculcaron valores sencillos y firmes: ser buenas personas, no depender de nadie y no olvidar nunca de dónde venimos. Hoy, verlos tranquilos, en paz, es uno de los mayores orgullos de mi vida.

Siempre sentí que tenía que ayudar. En casa, en la familia, donde hiciera falta. Compaginé  estudios y trabajo desde joven. Cada verano trabajaba en Correos, como cartera o en atención al cliente, para poder seguir formándome. No fue fácil, pero nunca esperé que lo fuera.

Estudié Turismo con la ilusión de aportar a Lanzarote desde el desarrollo turístico. Pero la  vida volvió a moverme el suelo bajo los pies. Entré en Correos y Telégrafos y mi camino profesional cambió por completo. Pasé por distintos puestos hasta llegar a ser jefa de sector de 25 oficinas entre Gran Canaria y Lanzarote. Nunca soñé con este cargo. Simplemente fui diciendo que sí, aprendiendo y creciendo sobre la marcha.

Hace 16 años también cambió mi vida personal. El amor llegó rápido y sin avisar. Apostamos por una vida juntos en Gran Canaria, la isla de origen de mi pareja y padre de mis hijos. Lanzarote sigue siendo hogar, aunque viva lejos. Hay raíces que no se arrancan.

Y entonces llegaron mis hijos. Ellos me removieron por dentro. Me hicieron mirar la vida con más calma y más conciencia. Fue a través de ellos como me impliqué de lleno en la escuela unitaria de Saucillo. Allí entendí que la escuela rural no es solo un colegio: es el lugar donde un pueblo se sostiene. Donde las familias no miran desde fuera, sino que participan, cuidan y empujan juntas.

Mi implicación no fue solo como madre, sino como parte de una comunidad que cree en su escuela. De ahí nació mi compromiso con la defensa de la escuela rural y mi participación en la creación de la asociación de colectivos de escuelas rurales de Gran Canaria, caminando junto al CER Gáldar-Guía-Agaete. Porque sin escuela no hay pueblo, y sin comunidad no hay futuro.

Mi historia no es excepcional. Es la historia de muchas mujeres que han sostenido hogares, que han trabajado sin descanso, que han aprendido sobre la marcha y que han abierto camino sin darse cuenta. Mujeres que inspiran no porque busquen reconocimiento, sino porque no se rinden. Porque cuando la vida aprieta, encuentran fuerzas. Porque cuando nadie mira, siguen construyendo. Mujeres que educan con el ejemplo, que lideran cuidando, que avanzan sin olvidar su raíces. 

Esa soy yo. 

Vengo de la tierra, del esfuerzo y de la gente que no se rinde. Y como escribió Pino Ojeda, aprendí que no se trata de romperse con el viento, sino de aprender a crecer con él.

Aquí sigo. Con heridas que enseñan, raíces fuertes y la certeza de que lo pequeño, cuando se cuida, puede sostenerlo todo.   Nací en Lanzarote y me crié en  Teseguite, un pueblo pequeño donde la vida no se explica: se vive. 

Vengo de una familia humilde dedicada a la agricultura, de manos con tierra, de días largos y de aprender pronto que las cosas no caen del cielo.

Soy la tercera y la más pequeña de tres hermanas. Cuando mis padres apenas llevaban dos años de casados, la vida nos cambió de golpe. Un accidente dejó a mi padre ciego. Mi madre se quedó con una niña pequeña y otra en camino. No hubo tiempo para preguntas ni para lamentos. Tocó seguir.

Crecí viendo a mi madre hacerlo todo. Absolutamente todo. Sostener la casa, sacarnos adelante, ayudarnos con los estudios como podía, buscar soluciones donde no parecía haberlas. Nunca me dio grandes discursos. Me enseñó mirando cómo luchaba cada día sin rendirse. Ahí aprendí lo que significa ser fuerte de verdad.

Mi infancia fue escuela y campo. Junto a mis hermanas trabajé desde pequeña en los arenados, recogiendo cebollas, arvejas y lo que tocara en cada cosecha. No era un juego, pero tampoco lo recuerdo con tristeza. Era nuestra realidad. Aprendí que el esfuerzo compartido une, que ayudar en casa era una forma de querernos y que nadie es menos por trabajar con las manos.

Mis padres, con lo poco que tenían, lograron algo enorme: que sus hijas estudiaran. Nos inculcaron valores sencillos y firmes: ser buenas personas, no depender de nadie y no olvidar nunca de dónde venimos. Hoy, verlos tranquilos, en paz, es uno de los mayores orgullos de mi vida.

Siempre sentí que tenía que ayudar. En casa, en la familia, donde hiciera falta. Compaginé  estudios y trabajo desde joven. Cada verano trabajaba en Correos, como cartera o en atención al cliente, para poder seguir formándome. No fue fácil, pero nunca esperé que lo fuera.

Estudié Turismo con la ilusión de aportar a Lanzarote desde el desarrollo turístico. Pero la  vida volvió a moverme el suelo bajo los pies. Entré en Correos y Telégrafos y mi camino profesional cambió por completo. Pasé por distintos puestos hasta llegar a ser jefa de sector de 25 oficinas entre Gran Canaria y Lanzarote. Nunca soñé con este cargo. Simplemente fui diciendo que sí, aprendiendo y creciendo sobre la marcha.

Hace 16 años también cambió mi vida personal. El amor llegó rápido y sin avisar. Apostamos por una vida juntos en Gran Canaria, la isla de origen de mi pareja y padre de mis hijos. Lanzarote sigue siendo hogar, aunque viva lejos. Hay raíces que no se arrancan.

Y entonces llegaron mis hijos. Ellos me removieron por dentro. Me hicieron mirar la vida con más calma y más conciencia. Fue a través de ellos como me impliqué de lleno en la escuela unitaria de Saucillo. Allí entendí que la escuela rural no es solo un colegio: es el lugar donde un pueblo se sostiene. Donde las familias no miran desde fuera, sino que participan, cuidan y empujan juntas.

Mi implicación no fue solo como madre, sino como parte de una comunidad que cree en su escuela. De ahí nació mi compromiso con la defensa de la escuela rural y mi participación en la creación de la asociación de colectivos de escuelas rurales de Gran Canaria, caminando junto al CER Gáldar-Guía-Agaete. Porque sin escuela no hay pueblo, y sin comunidad no hay futuro.

Mi historia no es excepcional. Es la historia de muchas mujeres que han sostenido hogares, que han trabajado sin descanso, que han aprendido sobre la marcha y que han abierto camino sin darse cuenta. Mujeres que inspiran no porque busquen reconocimiento, sino porque no se rinden. Porque cuando la vida aprieta, encuentran fuerzas. Porque cuando nadie mira, siguen construyendo. Mujeres que educan con el ejemplo, que lideran cuidando, que avanzan sin olvidar su raíces. 

Esa soy yo. 

Vengo de la tierra, del esfuerzo y de la gente que no se rinde. Y como escribió Pino Ojeda, aprendí que no se trata de romperse con el viento, sino de aprender a crecer con él.

Aquí sigo. Con heridas que enseñan, raíces fuertes y la certeza de que lo pequeño, cuando se cuida, puede sostenerlo todo.

Must Read

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí