“Todo es posible si se lucha, teniendo el valor de ser una misma”

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Julieta Martín Fuentes

Hace algún tiempo me preguntaron si me sentía en desigualdad o menos que los hombres y yo contesté que nunca había permitido que este pensamiento de que era menos, o podía decir menos o ni siquiera podía hablar u opinar con mi propio criterio, me impidiera alzar la voz. Comienzo por aquí esta pequeña historia sobre quién soy porque no recibí una educación en la igualdad, es algo que he pensado y he reflexionado muchas veces, el por qué Julieta no se plegó a las enseñanzas que trató de inculcarme con todo el cariño mi madre, mi abuela, o  mi entorno de mujeres a las que admiro profundamente por su capacidad de amar y de sacrificarse. Pero nunca me sentí identificada con ellas y durante un tiempo, y todavía a veces lo pienso, ser diferente me hizo sentir muy desgraciada. Siempre le dije a mi madre cuando me aconsejaba con toda su sabiduría de la vida que le tocó vivir que para mí hubiera sido más fácil someterme. Entonces tendría una vida más cómoda, tendría una seguridad y tendría el apoyo y la confianza de las personas de mi entorno con el que la mayoría de las veces hasta que publiqué mi primera novela no contaba. Y lo cuento como un aprendizaje, porque un día dejé de sentirme culpable por no tener ese carácter sumiso y decidí luchar por lo que yo quería. Fue en el año 2006 tras una crisis profunda que casi me lleva a la muerte, una crisis profunda de infelicidad y de rechazo hacia mí misma, hacia Julieta. Entonces decidí romper con toda la vida que tenía hasta ese momento y dejé Gran Canaria para  marcharme a vivir a la casa familiar de la Palma para escribir mi primera novela, ‘Lolita Pasión’. Comprendí que solo tratando de realizar ese sueño lograría encontrarme a mí misma, a la Julieta que de verdad había en mí, fortalecerme y a partir de entonces, con suerte, luchar por lo que quería, que no era otra cosa que ser libre para ser quién yo era.

Parece sencillo ser lo que una es pero no lo es descubrirlo por todas las voces que nos hablan, ya sean familiares, ya sean de amistad, ya sean de pareja o de personas del trabajo. Porque todo va encaminado a encajar en una sociedad que aparentemente funciona, en un sistema económico que aparentemente funciona y en el que no hay cabida para la diferencia. Siempre he leído para buscar respuestas a las preguntas que no me atrevía a hacer e, incluso, que no me atrevía a hacerme a mí misma. Gracias a los libros, a todos esos autores y autoras que han escrito desde el principio de los tiempos -porque he leído y leo cualquier libro que caiga en mis manos, ya sea actual o ya sea de la biblioteca de mi abuelo o de cualquier biblioteca, a veces incluso cuanto más viejo mejor-, gracias a esos libros he encontrado respuestas para hacer este camino de mi vida en el que, como digo, me hubiera sentido más segura de haber obedecido los dictados de las normas sociales y sobre todo del lugar que debía ocupar como mujer según me enseñó mi familia, una familia tradicional. Me hubiera sentido más segura, pero ahora sé que no más feliz. 

Foto 01: La entrevista que realicé a la escritora  Ana María Matute con apenas 21 años cambió mi vida. Conocí a una mujer que era dueña de su destino

Leía porque era una niña enfermiza con asma y con otros padecimientos que me mantenían alejada de los juegos al aire libre que hacía el resto de mi familia, de mis primos y mis primas, de mis hermanos y mi hermana en la Palma. Leer, digo, fue para mí una balsa en medio del océano donde no había agua ni sombra ni ningún rincón donde yo me sintiera a salvo. Solo estaba a salvo en los libros. Por eso leí y comencé a escribir con apenas siete años. Tengo libretas desde entonces con frases, pensamientos, inicios de cuentos y hasta de trágicas biografías románticas. Escribir suponía para mí un refugio, puesto que lo que yo pensaba y lo que creía no lo podía compartir con nadie. Porque el resto pensaba y creía de otra manera. Siempre he intentado respetar los pensamientos diferentes a los míos pero no he sentido que al revés suceda lo mismo, por lo menos en lo que se refiere a juzgar conclusiones vitales o decisiones de supervivencia como la que tomé en el año 2006 para irme a La Palma a escribir dejando aparcada mi carrera de periodista. En aquel momento tenía un muy buen puesto de trabajo para la mayoría de las personas que me rodeaban, ya que cobraba una cantidad considerable para tener 30 años. Sin embargo, lloraba cada noche, me ardía la piel de necesidad de abrazos, de necesidad de conversaciones sinceras, de necesidad de paz. Así que recordé que lo que me daba vida era escribir y marché a La Palma dejándolo todo. En este momento tengo que agradecer el apoyo de toda mi familia, dado que yo estaba al límite de mis fuerzas y por fin comprendieron que esa era mi única opción si quería seguir viviendo. 

Este volantazo que di a mi vida, como lo llamo yo, me abrió un mundo de posibilidades diferentes; puesto que; tal y como me habían enseñado, mi vida ya estaba escrita. Pero no estaba conforme con esa vida y a partir de ese momento sentí que cualquier cosa era posible, puesto que me había salido del guion establecido mucho antes de que yo naciera para mí y para otras mujeres durante muchísimos siglos. Aunque entonces estuviéramos a principios del siglo XXI yo vivía en un entorno muy similar al principio del siglo XX. De hecho, siempre he pensado; ya que estudié la carrera de Historia, en por qué tardamos 21 siglos después de Cristo y quién sabe cuántos antes de Cristo, siglos y miles de millones de años, en conseguir simplemente alzar la voz en una reunión de hombres y mujeres, a veces en mi entorno familiar y de amistad simplemente no se me prestaba atención cuando daba mi opinión o me castigaban mandándome a callar, o algunas cosas peores. De ahí que la escritura se convirtiera en mi forma de comunicar todo aquello que pensaba que sentía y que para mí era lo justo. Siempre lo hice desde la diferencia, aceptando que se me iba a juzgar, como a día de hoy se sigue haciendo, porque precisamente he escogido un camino diferente.

Foto 02: ‘Lolita Pasión’ en la Feria del libro de Madrid en 2015 cambió la imagen que los demás tenían de mi. Al fin vieron que ser escritora era posible y que mi determinación de serlo no era un capricho.

Desde el año 2006 he conseguido escribir tres novelas ‘Lolita Pasión’, ‘El corazón de Débora’ y, este 2022, ‘Tormenta García’, todas ellas editadas por Mercurio Editorial. Esta editorial me ha publicado cuatro libros de cuentos: ‘Travesías. cuentos para soñadores’, ‘Cuentos de fuego’, ‘Cuentos de otros mundos’ y ‘Coruja’. Me he dedicado, además de escribir novela y cuento, a impartir talleres de fomento de lectura en familia; ya que, como digo, a mí la lectura me salvó la vida y me gustaría dejar ese recurso a los pequeños y pequeñas.

En los últimos años he retomado mi carrera de periodista y he explorado el mundo audiovisual participando en el guion de dos largometrajes ‘90 minutos & I love you’ y ‘11211. El barrio de las avenidas que se bifurcan’, ambos rodado en Nueva York. También he dirigido y escrito un cortometraje y participó habitualmente en los guiones y producción de campaña publicitaria con medios audiovisuales con mi agencia de comunicación: Caninfo Comunicaciones.

Foto 04: Mi vuelta al ejercicio del periodismo me permite alzar la voz en las ondas como siempre he deseado hacerlo. Porque por muy tímida que sea es necesario que las mujeres hablemos, que hablemos siempre.

En los últimos años he retomado mi carrera de periodista y he explorado el mundo audiovisual participando en el guion de dos largometrajes ‘90 minutos & I love you’ y ‘11211. El barrio de las avenidas que se bifurcan’, ambos rodado en Nueva York. También he dirigido y escrito un cortometraje y participó habitualmente en los guiones y producción de campaña publicitaria con medios audiovisuales con mi agencia de comunicación: Caninfo Comunicaciones.

Todavía dudo acerca de si tomé la decisión correcta, dado que recibí una educación muy concreta en otro sentido, y es una lucha que llevo diariamente conmigo misma para reaprender a vivir y ser como soy. A veces traté de convencerme para no ser, pero como le dije una vez a un familiar muy querido: “No puedes decirme que no sea sensible porque me estas negando el ser, y yo soy sensible”. Una vez acepte esta sensibilidad, que para mí es un arma y una fortaleza, y después de haber reflexionado mucho sobre ella, he conseguido dirigirla hacia la escritura, hacia la escucha atenta, hacia el trabajo diario paso a paso para no rendirme. Nunca he dejado de alzar la voz cuando tengo algo que decir por mucho que me duela el estómago o por mucho que a mi alrededor la reacción sea el enfado o el silencio.

Desde ahí creo que he contribuido a la igualdad que, como comentaba, incluso con preguntas malintencionadas tratan de imponer algunas personas o algunas costumbres sociales. Con esto quiero decir que nunca me he callado, sobre todo a partir de 2006, porque sobre mi cabeza y sobre mi corazón pesa la sangre de todas las mujeres que consiguieron que yo esté aquí ahora votando, expresándome en reuniones de trabajo, dirigiendo proyectos… algo que era impensable tan solo en el siglo XIX. Espero contribuir con mis novelas, en las que abordo estas emociones y esta sensibilidad que siempre se han tachado de negativas. Para mí son un arma poderosa, puesto que saber llevar a un caballo desbocado, como son la pasión de mi novela histórica ‘Lolita Pasión’; el corazón con sus luces y sus sombras de ‘El corazón de Débora’, novela histórico fantástica ; o la locura de mi novela negra ‘Tormenta García’. Saber llevar estas emociones y utilizar su fuerza y su determinación para lograr lo que se quiere no solo es un arma sino que es una virtud de la que deberíamos aprender todos y todas y que creo que lo estamos haciendo con el aprendizaje de la gestión de las emociones que se ha instaurado en algunos centros escolares con la asignatura Emocrea, que ha incluido en los planes de educación La Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.

Foto 03: Los talleres infantiles de lectura en familia me devolvieron la inocencia necesaria para vivir con ilusión cada día, y me la devuelven 

Mi futuro, al igual que cuando di el volantazo para irme a La Palma a escribir, sigue estando por escribir, lo único que sé acerca de él es que me gustaría seguir escribiendo y que me gustaría seguir aportando con mi vida y con mis acciones un ejemplo para las niñas y jóvenes que escribirán en el futuro, tal y como otras mujeres me han inspirado a mí. También me gustaría poder seguir siendo yo misma en los trabajos que desempeñe, con mi pareja y con mi entorno social cercano y lejano. Sé que son deseos ambiciosos pero también se qué día a día conseguiré llevarlos a cabo, todas y cada una de nosotras lo haremos si conseguimos conocernos tal y como somos y vivir la vida tal y como somos. Yo lo sigo aprendiendo y reaprendo cada día y en cada decisión que tomó, e intento impedir que nada ni nadie me obligue a dar marcha atrás a costa de muchas lágrimas, pero también de muchas sonrisas que me dan la fortaleza para hacer lo que siento que tengo que hacer en esta vida.

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