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Cristina Ramos: “Allá donde voy, siempre digo con orgullo de dónde vengo”

A pesar de que el mundo entero la conoce y ha podido disfrutar de su talento, su secreto mejor guardado está localizado en el municipio de Moya y, más concretamente, en Fontanales, de donde procede su familia. 

No en vano, sus mejores recuerdos están impregnados de sus paisajes, donde solo cabe la alegría y la felicidad en mayúsculas. Y es que la riqueza, que erróneamente se relaciona con lo económico, está en saber disfrutar de lo que se hace y en enriquecerte de cada experiencia y persona con la que vas encontrándote en el camino. 

Antes era más conformista, pero ahora sueña con poner su imponente voz en una producción de Disney. Teniendo en cuenta su currículum, bordado en dorado, la reina de los concursos de talento, como la han bautizado, seguro que pronto despertará ‘animada’. 

Cuéntanos Cristina, ¿qué recuerdos tienes de Fontanales?

Los recuerdos que tengo son los más bonitos del mundo, porque son de muchos niños, muchos primos, segundos y terceros… y todos jugando; al escondite, a subir al monte, al valle, a tirarnos por las laderas, reunirnos para hacer asaderos, quedar para Navidad… La Navidad para mí es fría; nos abrigábamos mucho y nos íbamos a dar paseos con la lluvia y la niebla. Son recuerdos maravillosos de mi juventud, los primeros amores, de tantas cosas…

Allí también nació el amor a tu profesión, ¿no?

Sí, allí montamos un grupo de verbena, que primero se llamaba Cóngora y luego le cambiamos el nombre a Melodía Show. Éramos dos chicas, mi prima y yo; ella tocaba el teclado y ambas cantábamos. Tenía 17 años y tengo que decir, con orgullo, que la primera actuación que tuve con mucho público fue en Fontanales. 

Lo de ser corista habitual y durante varios años de grandes artistas como Braulio o José Vélez vino mucho después… 

Sí, cuando ellos venían a hacer alguna actuación aquí, nos llamaban; tenían una banda aquí formada. La sensación de ver a alguien tan grande, que ha triunfado tanto en Latinoamérica, y que tú también estabas allí, formando parte de la magia que sucedía encima del escenario cuando íbamos a los municipios a actuar, donde se podía sentir el cariño del público, ese cariño sincero hacia una persona que ha triunfado, es impresionante. Creo que ahí fue donde empecé a añorar y a anhelar esa sensación de sentirte querido y de estar orgulloso de llevar el nombre de tu tierra por el mundo. 

¿Crees que hoy en día tú también eres representante del archipiélago?

Sí, yo me siento una representante de mi pueblo; allá donde voy, siempre digo con orgullo de dónde vengo. Siempre llevo por delante que soy canaria, que soy de un pueblito súper bonito en el centro de Gran Canaria.

Y ahora que también eres conocida… ¿te sientes profeta en tu tierra?

Siento que la gente me quiere mucho. Además, el hecho de ser canario tiene un sabor especial, en el sentido de que la gente se alegra muchísimo de todo lo que haces fuera. Cuando un canarión se va fuera y empieza a triunfar y a hacer cosas interesantes, la gente de aquí se alegra de verdad. Es una alegría sincera porque somos una piña. 

¿Qué echas de menos cuando estás fuera?

Me he obligado a no comparar nada ni a echar de menos nada cuando me voy de aquí. Esto está aquí, lo tengo aquí y trato siempre de irme fuera con la cabecita abierta, como si fuera una niña pequeña, que va a descubrir el mundo y encontrarse con cosas nuevas, con un mundo mágico, con idiosincrasias diferentes y con vidas diferentes. Me obligo a no comparar nada para poder disfrutar de verdad de dónde estoy. 

¿Qué consejo le darías a alguien que alberga el sueño de triunfar en la complicada industria de la música?

Le diría que, si tienes un sueño y te gusta mucho algo, lo primero que tienes que hacer es formarte, porque la formación son los cimientos, y lo segundo, rodearte de gente que te apoye, porque el apoyo emocional es súper importante, porque para creer en ti, tiene que haberlo hecho alguien primero. En mi caso, mi pareja decidió que yo tenía que volar y que la gente me tenía que conocer. Y ya el resto consiste en intentarlo, pasito a pasito. Yo tengo la gran suerte de que la afición que tengo se ha convertido en mi trabajo, pero que, además, no lo veo como un trabajo. En definitiva, lo ideal es disfrutar de lo que estás haciendo. 

¿Con qué te quedarías del camino recorrido?

Me quedaría con la parte humana, con la gente que me he ido encontrando a medida que he ido visitando todos estos lugares, porque nosotros coleccionamos amigos, personas… Lo que realmente me llena son esas sinergias que existen en otros lugares en los que eres parte de una producción, donde tú eres una pincelada de esa obra de arte. Y esa gente no solo piensa como tú, sino que lo siente y lo vive como tú. 

A tenor de tu trayectoria, cuesta creer que aún te quede algún sueño por cumplir… ¿Es así?

Siempre fui bastante conformista; me maravillaba de las cosas que me iban pasando y siempre he disfrutado mucho de lo que voy haciendo. Sin embargo, ahora tengo muchos sueños. Me encantaría poner mi voz en una película de Disney. Y muchas cosas más. Espero no dejar nunca de soñar. 

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