Si el universo me concediera un solo deseo, pronunciaría la palabra PAZ 

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Ina Molina.

 Nací un día del Pino del pasado siglo en el barrio de Triana, en la calle Buenos Aires, esquina Pérez Galdós, donde vivieron famosos personajes como el poeta Tomás Morales, el político Juan Negrín y el propio escritor don Benito Pérez Galdós, con quienes, obviamente, no coincidí en el tiempo.

   Esa casa ya no existe, pues fue anexionada al espacio ampliado que ocupa hoy en día el Cabildo Insular. Mi padre regentaba un comercio de ultramarinos en los bajos de aquel edificio de dos plantas del que recuerdo sus altos techos, los suelos de madera y una preciosa escalera de tentadora barandilla.

   Si retrocedo a los años de mi infancia veo a una niña bastante tímida, pero muy despierta y curiosa. Siempre estaba preguntando cosas y cuando los adultos bajaban la voz en sus conversaciones yo aguzaba el oído, pues sabía que algo interesante, aunque quizás incomprensible para mí, se estaba contando. Siempre fui de mal comer, era muy menudita y me llevé muchos pinchazos en analíticas exploratorias e inyecciones que compensaban mis carencias de hierro y vitaminas. En contrapartida, se premiaba mi estoicismo infantil con el regalo más preciado para mí en esa etapa: un cuento -en papel-, que yo leía con avidez y releía hasta la siguiente extracción, y también alguna historia relatada por mi madre. En esa época ya florecía mi gusto por la lectura y empecé a hacer mis pinitos con la escritura. Recuerdo mi primer poema con unos ocho o nueve años.

   También memorizaba los refranes que mi abuelo intercalaba en sus conversaciones, a los que sigo muy aficionada, y las letras de las canciones de una de mis tías que hablaban de amores contrariados. También guardo cariño a algunos personajes y programas televisivos en blanco y negro como los payasos de la tele, el concurso 1, 2, 3… y, por supuesto, las reuniones familiares para visionar Eurovisión.

   Era buena estudiante, muy responsable, perfeccionista y autoexigente, aficionada a la gimnasia y admiradora de mi único hermano, once años mayor que yo, que ya estudiaba en la península cuando yo aún era una cría;  me traía regalos especiales cuando venía de vacaciones, me escribía cartas a las que yo con gusto respondía, y me prestaba su más preciado tesoro: sus libros de medicina. Él me hizo amar a los libros.

   Un lugar especial en mi memoria lo tiene reservado el pequeño timple que mi padre encargó a un lutier de Guía y que aún conservo y he hecho restaurar hace poco. Sigue sonando de maravilla y su madera conserva el amor de mi padre.

   La vida transcurrió muy deprisa aunque en aquellos años no lo percibiera. Tras los estudios de Magisterio y Pedagogía y, más tarde, de Logopedia, el ejercicio de la profesión, años de plenitud física y profesional, de creatividad y proyectos, pero también de las más tristes despedidas, siempre me acompañó esa necesidad de poner sobre el papel lo que me ocurría, soñaba o inventaba. Durante muchos años todos mis escritos permanecieron en los cajones dejando constancia de mis pasos, de mis sentimientos, de mis ilusiones y desengaños, y solo fueron compartidos con los más íntimos. Hasta que una tarde acudí con una amiga a un recital poético de un grupo de reciente formación “Sentir la poesía”. Corría el año 2013. Mi acompañante los conocía, me presentó, y me invitaron a unirme a ellos en el que sería su segunda aparición ante el público.

Así empezó una andadura  que no se ha detenido hasta ahora. Comenzamos con originales eventos, dando voz a nuestros poemas memorizados y dramatizados, junto a imágenes rodadas especialmente para ellos, con música y en muy diferentes escenarios. Publiqué mi primer poemario Versos Heridos en 2014, aunque ya había participado en una antología para autores noveles que fuimos seleccionados mediante concurso. Al cabo de un tiempo el grupo desapareció, pero Esteban Rodríguez García, Carmelo González Zerpa y yo fundamos la Asociación Literaria y Cultural Letras y Sonidos y continuamos con ella hasta la actualidad. Presentamos el libro Un paseo por las emociones a tres manos, y diversos eventos culturales como: recitales (Un paseo por las emociones); documentales (Tomás Morales en Agaete); conciertos solidarios (concierto a favor de APEM, Asociación de Esclerosis Múltiple de Canarias); presentaciones de libros propios o de otros autores, talleres de escritura creativa, visitas a colegios e institutos, presentaciones de actos culturales, presencia en ferias del libro y un largo etcétera.

En este intervalo de tiempo he participado en más de una veintena de antologías locales, nacionales e internacionales de poesía y narrativa, y en numerosos proyectos multidisciplinares como: Beatluz, Horizontluz, Angeluz… (pintura, música y palabra) con el pintor Felipe Juan; Complicidad, con cuadros de Carmelo G. González Zerpa y Vuelve a tus raíces, con el dibujante Guillermo Sánchez (pintura/dibujo y literatura); Poesía en el canto en Gran Canaria (música y literatura) con la creación de la letra para una obra de zarzuela ambientada en nuestra tierra, musicada por Eduardo Purriños y presentada en el Auditorio Alfredo Kraus (2022).

   También he trabajado en Tak tv. como conductora y contertulia en los programas No somos mayores (durante nueve temporadas) y Tiempo presente (las dos temporadas que estuvo en antena) y he colaborado en programas de radio, y en periódicos y revistas digitales. Actualmente llevo la sección La magia del teatro en la revista Tamasma Cultural

   Asimismo he presentado otros tres libros en solitario: Nada es lo que parece, de relatos; Afurgad, las voces del agua que aúna narrativa y poética; y las esquinas del tiempo, poemario. En breve verá la luz mi quinto libro La mujer del espejo, Relatos al límite.

   Hice un curso de cine y otro de teatro para adultos en la Escuela Oficial de Actores de Canarias y pertenezco a la Asociación El Ómnibus: teatro del pueblo.

También a la Asociación de Escritores de Canarias ACTE; a la asociación sin ánimo de lucro ADOC, donde soy Directora del Gabinete de Proyectos Culturales y al lobby femenino Charter 100 Canarias.

   Soy una persona alegre, vital y comprometida. Sonrío al futuro y me enfrento a la vida con la misma curiosidad y deseos de aprender de aquella niña con la que comenzó este relato; con la determinación y pasión por la vida de la joven estudiante y profesional de la docencia; con parte del camino recorrido y con el deseo de seguir adelante sumando en el mundo de la cultura, la literatura y la solidaridad. Mis pilares, los de siempre: familia, amigos, amor y justicia social. Si el universo me concediera un solo deseo, pronunciaría la palabra PAZ (interior, en el entorno y en nuestro planeta). 

   Me apasiona viajar y me atraen, además de la literatura, la interpretación, la comunicación, la pintura y la fotografía. En todos ellos continúo formándome y construyéndome.

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