PARA SALIR DEL AGUJERO, TIENES QUE DEJAR DE CAVAR

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María Ruíz.

¿Saben esa sensación en la que te despiertas de una pesadilla que parece tan real que te quita hasta el aliento? Pues esa sensación no es ni un cuarto, de cómo te llegas a sentir. ¿Y os soy sincera? No sé en qué momento comenzó, ni cómo permití que sucediera.

Todo al principio era como un cuento de hadas. Tenía las mejores atenciones que cualquier persona pudiera desear (o quizás me auto-convencí de ello, puesto que mi anterior relación era bastante tóxica). Pero llega un momento en el que el cuento se vuelve oscuro. Las nubes se acercan pero no le das importancia, puesto que estás viviendo tu sueño que siempre has deseado. Pero de repente, las nubes se oscurecen e intentas resguardarte de la tormenta en el hueco más cercano, pero quizás el más peligroso, en ti misma. Recuerdo su cara… recuerdo cómo su mirada me decía que yo le pertenecía, mientras que yo no podía ni moverme. Mi cuerpo estaba muerto en vida pero mi cabeza estaba ahí… observándolo, analizando cada gesto, cada palabra, cada movimiento…

Recuerdo ducharme y restregarme con la esponja lo más fuerte posible y aun así, me sentía sucia. Tenía que quitarme toda esa mugre que me envolvía todo el cuerpo e incluso la mente.

Intenté incluso justificarlo. A día de hoy, después de muchos años, es cuando unos profesionales le pusieron nombre a lo sucedido, mientras que yo, lo seguía justificando.

Ese episodio de mi vida no lo supo nadie, me avergonzaba tanto de lo sucedido que no lo podía sacar a la luz. Además ¿quién me creería? Él es una “maravillosa” persona.

Una vez en el hoyo, te propongo que intentes salir. Te aseguro que es todo un reto. Es profundo, oscuro, no ves absolutamente nada, sólo tienes el sentido del tacto. Tocas las paredes… están húmedas y no parecen firmes. Intentas escalar… pero la humedad hace que se derrumbe parte las paredes y vuelvas a caer. Estás cansada. Lo intentas una y otra vez… por momentos, vez la luz, pero en cuestión de segundos desaparece y deseas desaparecer tú también con ella.

Yo conseguí salir del hoyo, pero hay que tener mucha fuerza y saber pedir ayuda… pero con el tiempo aprendí que no todas las ayudas son buenas (o tienen buena fe, por llamarlo de alguna manera). Salí adelante, ¿sabes qué? Eso merece unas mayúsculas. ¡SALÍ ADELANTE! Es verdad, que cuando subí a la superficie todo me parecía indiferente. Pero caminé, sin rumbo, pero eso daba igual, sólo debía caminar.

Hace un momento nombré que cualquier ayuda no tiene buena fé. En esos momentos lo comprobé. Imagina a una persona desnuda caminando en medio de la nada, con la mirada perdida. Te fijas en su piel, se nota que lleva tiempo deambulando… sucia… llena de heridas, que cómo cuál lobo se lame sus propias heridas para ir curándoselas para continuar su camino… a saber dónde. Entonces encuentras dos tipos de personas, la primera se preocupa por ti y te tiende todo lo que esté a su alcance para ayudarte a que vuelvas a ser tú (una persona que habías olvidado ser) y luego está la segunda (éstas van camufladas, no las ves venir), que “hace” que se preocupa por ti, cuando en realidad, tú eres el objetivo perfecto para

ellos. Les llamo los busca-recompensas. Cuando encuentran a alguien perdido, desorientado, como estaba yo en esos momentos, te hacen sentir que te van a salvar la vida. Te arropan, te visten con los mejores trapos, te buscan trabajo, te hacen volver a sentir especial, te halagan todo el tiempo, diciendo todas las cosas buenas que tienes y que puedes aportar y con todos sus dones hacen magia. Sí, magía. Te miras en el espejo y te crees imparable, te puedes comer el mundo si quieres. Vuelve la ilusión en ti. Y todos los sueños por los que algún día imaginaste luchar para conseguirlos, vuelven… pero ésta vez, triplicado. Ups, que se nos olvida algo… NO TIENES NADA, sólo la ayuda del busca-recompensas. Entonces… ¿Quién eres?… NADIE.

Todas las hojas de esperanza que fuiste recogiendo por el camino hacia tu nueva vida, se van desvaneciendo una a una como hoja que se lleva el viento, pero en este caso, no puedes correr tras ella. El busca-recompensas te ha atado para que no puedas hacer nada. Lo poco que vas consiguiendo en el camino… experiencias, alguna piedra preciosa, una planta que no se ha descubierto aún, incluso tus propios pensamientos, te los va quitando sin que te des cuenta. Piensas y te crees que te espera un futuro glorioso, pero cuando te vuelves a mirar, vuelves a estar desnuda y la persona que te acompaña te empuja a un hoyo aún más profundo del que habías salido una vez. Con la mirada borrosa, puedes ver cómo se va con todas tus pertenencias e incluso puedes escuchar cómo se ríe. No entiendes qué ha pasado, se supone que era “tu salvador”. Por momentos tu cabeza te dice que va a volver a salvarte, que fue sólo un error… pero no vuelve. Ya estabas cansada por tu pasado y te replanteas si volver intentar a salir o quedarte ahí. Piensas que ya fuera no te espera nada. Tu instinto hace que luches. Te agarras con las uñas y trepas y cuando estás a punto de salir… el busca-recompensa te está esperando fuera… y dices –un paso más y estoy con mi salvador- pero se acerca, observas que todo lo que tu tenías, lo tiene a buen recaudo y te da la mano, y lo poco que has podido conseguir en ese hoyo… te lo quita y te vuelve a empujar al fondo del hoyo… y ésta vez te echa agua, y notas como tu vida se va consumiendo poco a poco. Ahora parece que lo entiendes, nunca le importaste, sólo tenía su misión en la vida… Todo esto se te pasa por la cabeza mientras sientes que ya no tienes razones para seguir en este mundo. Quieres desaparecer, no existir, sólo te vienen a la mente pensamiento destructivos.

Para finalizar, voy a concluir sin metáforas, a mí me salvó la fuerza de voluntad, sobre todo mis dos hijas, los profesionales de la concejalía de igualdad y las personas que siguen conmigo día a día en las buenas y en las malas, conociendo todo lo bueno y lo malo que tengo. Aún me queda mucho camino por delante, pero si he salido en diversas ocasiones, mi yo del Presente me dice que podré salir mil veces más y podré conseguir todo lo que me proponga.

Y cualquiera que esté leyendo esto y se pueda llegar a sentir identificado, que sepa, que SI SE PUEDE. No dejes de buscar a personas vitaminas que te aporten, si no te aportan, no te interesa tenerlos a tu lado. Con todo esto, me despido y con todo mi corazón QUIÉRETE… con todas y cada una de las cicatrices que arrastras.

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