“Mamá, quiero ser guardia civil”

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Por Olga Martín

Recuerdo, como si fuera hoy, cómo se quedó ojiplática esa mujer que me había dado la vida y el temblor de mi voz al soltar esa frase. Solo salieron 6 palabras de su boca: “Si tu abuelo levantara la cabeza”, pronunciadas mientras abandonaba, en el más atronador de los silencios, esa habitación.

Así empezó todo, 25 años había tardado en encontrar rumbo a mi vida, después de haber sido una adolescente complicada, por adornarlo un poco. Supongo que todos hemos tenido esa época en menor o mayor medida.

Con 17 años finalicé motu propio mi época de estudiante y con mi cuarto de siglo tomé la mejor decisión de mi vida después de haber estado dando tumbos sin rumbo fijo, laboralmente hablando, porque tenía la sensación de que yo tenía que hacery ser algo más.

Me gustaría hacer un inciso en esta historia para agradecer a la persona que me abrió este mundo, que, en aquel momento, era mi compañero de corazón y actualmente lo es de profesión. Sin duda, que él se estuviera preparando para opositar fue clave para descubrir cuál era mi destino.

La decisión estaba tomada y me quedaban apenas 5 meses para el gran día, así que me puse manos a la obra, con clases a dos turnos, test con los que acabé soñando por las noches y muchos entrenos, que se convirtieron en el padre nuestro de cada uno de mis días.

Ese año la oferta de empleo público superaba con creces los anteriores, así que los astros se alineaban a mi favor, ya que había 4000 plazas repartidas entre militares de profesión, escuela de Guardias Jóvenes (conocidos por nosotros como polillas o hijos de guardias) y civiles. Estas últimas sumaban un total de 1350, de las cuales una tenía que ser para mí.

Y llegó el día en el que mi nombre figuraba con un gran APTO en un listado infinito de personas. Por fin todo mi esfuerzo había dado sus frutos y ya formaba parte de la 112 promoción de Guardias Civiles, aunque aún me quedada un largo trecho de formación.

El 16 de septiembre de 2006 fue la fecha de mi entrada en la Academia de alumnos de la Guardia Civil en Baeza (Jaén), que hay que destacar que fue la primera que tuvo dos Compañía de mujeres.

Fueron meses de mucho esfuerzo y una infinidad de novedades, de una vida militar hasta ahora desconocida para mí y de la que me estaba enamorando por días. Culminé mi academia con muy buena nota y ahora sí, ya lo había conseguido.

A lo largo de mis 18 años de profesión, me he dedicado casi en exclusiva a la lucha contra la violencia de género. Mi primer destino de profesional, tras terminar las prácticas, fue para mí algo desconocido hasta la fecha, pero tras varios meses de formaciones, charlas y reuniones, y sin dejar atrás a los compañeros que me ayudaron, descubrí que ayudar a mujeres me gustaba y mucho.

Actualmente formo parte del Equipo de Violencia de Género que se encuentra ubicado en el Puesto Principal de Santa María de Guía. Fui pionera en esta isla, gracias a la confianza depositada en mí por el capitán que en ese momento era jefe de esa Compañía, algo de lo que me siento muy orgullosa profesionalmente, porque mi labor no se limita a la intervención en casos de violencia de género, sino que también participo en campañas de concienciación y prevención, trabajando estrechamente con organizaciones y comunidades locales, así como en colegios e institutos. Es importante educar a la sociedad sobre la importancia de denunciar y apoyar a las víctimas.

En estos años, y podría alargarme infinito, he tenido alegrías y también penas. Hay mujeres que han dejado huella en mí y espero que yo también en ellas, las admiro a todas y cada una de las valientes que se atreven a dar fin al maltrato sea de la manera que sea y yo me encargo de acompañarlas en todo el duro proceso que supone.

​No obstante, me enfrento a diario a situaciones difíciles y emocionalmente desafiantes, pero saber que mi trabajo puede marcar la diferencia en la vida de una mujer que sufre maltrato, me da fuerza para seguir adelante.

​Cada vez que logramos detener a un agresor o brindamos apoyo a una víctima, sabemos que estamos marcando una diferencia, pero también somos conscientes de que aún nos queda mucho por hacer.

​La lucha contra la violencia de género es responsabilidad de todas y todos, y como sociedad debemos unirnos para erradicar este problema y crear un mundo más seguro y equitativo para todos. Sin duda, “tu lucha es mi lucha”. 

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