“NO HAY FRACASOS, SOLO APRENDIZAJES QUE NOS AYUDAN A CRECER”

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Por Naiara Del Pino Sosa (Santa María de Guía)

Tengo 42 años y me siento privilegiada por poder hacer lo que me gusta.

Siempre me he considerado una mujer emprendedora, con objetivos y nuevos retos. Siempre he pensado que el ser humano no es un árbol; por ello, si no somos felices en un lugar, tenemos la suerte de poder movernos y cambiar de espacio. Y nada, absolutamente nada, es un fracaso, sino todo lo contrario, un aprendizaje que nos ayuda a crecer y a mejorar.

Con 21 años terminé mi primera carrera universitaria: Criminología. Al poco tiempo, tuve la gran suerte de poder comenzar mi carrera profesional en el área de Servicios Sociales, acompañando a familias y menores en situación de vulnerabilidad.

Pero llegó la temida crisis y el autoempleo y el emprendimiento fueron una opción maravillosa, que surgió en un sueño. Mientras dormía, me visualicé en mi proyecto empresarial, en mi Centro Socioeducativo y de Orientación Familiar. Ahí estuve dos añitos, también acompañando a familias y a menores en su andadura socioeducativa. Dos añitos, hasta que nació mi preciosa segunda hija María. Cuatro años antes había venido al mundo mi Laura, sí, mi Laura, mi “mini yo”, pero que nunca pierde su esencia.

Con Laura aprendí (aunque nunca se termina de aprender) a ser madre, a conciliar mi variada y “divertida” vida laboral con su crianza y educación. No es fácil, pero es posible. Y más cuando le acompaña otras circunstancias. Esta etapa también la compaginé con mis estudios en Relaciones Laborales, Máster en Mediación Familiar y Posgrado en Recursos Humanos. Siempre he sido, lo que se suele llamar “un culo inquieto”, curiosa y con ganas de aprender y crecer.

Posteriormente a mi andadura como empresaria, opté por estar dos años dedicada únicamente a la crianza y educación de mis pequeñas. Hasta que aterricé en el mundo de la política, donde tuve la gran suerte de gestionar las áreas de Servicios Sociales, Igualdad y Recursos Humanos. Y donde pude conocer a una gran variedad de personas de las que aprendí muchísimo. Sin embargo, a pesar de ser una etapa muy enriquecedora, tanto a nivel personal como profesional, también fue una etapa dura. Ya que, paralelamente a mi cargo público, llegó el divorcio y la enfermedad de mi madre, a la que cuidé como una hija, hasta que decidió partir. Fueron momentos intensos, con muchos altibajos, ya que al mismo tiempo de atender a todas aquellas personas que me necesitaban, yo, personalmente, vivía un momento complicado. Pero, como siempre, intento aprender, todo pasa… y con tesón, constancia y fortaleza, haciendo las cosas con y desde el corazón, todo pasa más fácilmente. 

Pasó la etapa política y llegué nuevamente al emprendimiento. Pero, en esta ocasión, de la mano de la Fundación Universitaria de Las Palmas, donde vuelvo a tener la oportunidad de acompañar a personas con ideas y proyectos empresariales espectaculares. Mi acompañamiento, además, se hace desde el punto de vista emocional, porque la emprendeduría tiene una gran parte emocional.

Pero viene el futuro y, en ocasiones, debemos pararnos a pensar dónde estamos y a dónde queremos dirigirnos. En este momento, momento complejo, diferente, lleno quizás de incertidumbre, se nos puede venir a la cabeza miedos, inseguridades, etc. Sin embargo, prefiero evitar pensar en lo negativo y centrarme en lo positivo, y en lo que, afortunadamente, me acompaña: mi familia, mis amigos, mi trabajo, mis compañeros y toda aquella persona afín a mí de la que, constantemente, estoy aprendiendo. Por ello, me planteo retos, objetivos profesionales y, por supuesto, personales. 

Me encantaría poder seguir formándome, reciclándome y compartiendo mis conocimientos y experiencia con las personas que quieran poner en marcha una empresa, un proyecto empresarial. Compaginar esta labor con la docencia y observando que lo que puedo transmitir, en un futuro les podrá beneficiar y ayudar, tanto a nivel personal como profesional. En la parte personal, qué puedo pedir: SALUD, principalmente. Y, por supuesto, que mis hijas sean felices, crezcan sanas y pueda ver en ellas el legado que les quiero transmitir: seriedad, solidaridad, constancia, trabajo y honestidad.

Desde aquí quiero enviarles un mensaje de ánimo y fuerza a todas esas mujeres luchadoras y emprendedoras, así como decirles que, con constancia y humildad, todo llega. 

Y, por supuesto, agradecer al Proyecto “Más Nosotras” por darme la oportunidad de poder compartir este “trocito” de mi vida con todas ustedes.

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