miércoles, noviembre 25, 2020

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Margarita García: “Le pido a 2021 que hayamos aprendido algo de este año”

Aunque desempeña su profesión en el Centro de Salud de Arucas desde hace más de 17 años, su labor prosigue en los medios de comunicación, donde colabora en radio y en televisión para promocionar hábitos saludables desde una perspectiva global, al tiempo que cuelga en su cuenta de Facebook reflexiones que comparte con sus pacientes. 

Y para combatir la impotencia propia de los tiempos de la COVID-19, recomienda no aparcar las aficiones que nos hagan disfrutar. En su caso, bailar, actuar, cantar y, últimamente, “rodar en moto”. 

Margarita, ¿por qué estudiaste medicina?

Esta pregunta también se la hago a mis alumnos, pues doy clases en la Facultad de Medicina de tres asignaturas, y la respuesta, normalmente, es que quieren ayudar a las personas a estar bien. Y esta es la misma respuesta que yo daría, porque realmente consigues que las personas estén mejor de lo que estaban. 

¿Crees que la medicina debe ser vocacional? 

Sí, porque la calidad humana que tiene una persona que lo hace de manera vocacional no creo que sea comparable.  

¿Qué es lo mejor de ejercer la Medicina? ¿Y lo peor?

Lo mejor es la relación que tienes con los pacientes y lo peor, las condiciones laborales actuales, con una presión asistencial, que no nos permite una atención adecuada a cada paciente, debido a la gran cantidad que tenemos que atender. En otras épocas, he trabajado de noche y festivos, pero ahora mismo es la presión asistencial lo que estoy llevando peor, porque no puedo atender al paciente como sería lo conveniente; es un querer y no poder, porque las condiciones ahora mismo no te lo permiten.  

¿Es un trabajo que continúa después de la jornada laboral?

Sí, me llevo a casa el tener que aprender muchas cosas, porque es una carrera en la que es imprescindible reciclarse, porque hay novedades en tratamientos, enfermedades… como el COVID, que es nuevo y hay que estudiarlo. Y, por otro lado, antes me llevaba más a casa los casos de pacientes que había tratado y que sospechaba que podían tener un cáncer u otra enfermedad grave. En este sentido, aprendí a ser consciente de que cada persona tiene su proceso y en este, hay momentos en los que va a haber pérdidas, enfermedades y también buenas noticias. Entonces, acepto ese proceso de cada persona sin sentirme agobiada, sabiendo que voy a hacer todo lo posible para que esté bien, pero que habrá momentos en los que uno puede ayudar a que se cure y otros en los que solo puedas tratar de paliar los síntomas o acompañar… Y esa sensación de que la persona sepa que estás ahí para lo que necesite en ese momento, es algo que se vive desde esa perspectiva de la profesión sanitaria, lo que a mí me hace seguir manteniendo esta vocación. 

¿Tu labor te permite conciliar?

No mucho, porque, aunque los horarios laborales están establecidos en 7 horas diarias de lunes a viernes, bastantes pacientes acuden a consulta y, si quieres realizar un trabajo de calidad, con 6-7 minutos no es suficiente. Entonces, si les dedicas el tiempo que requieren y tienes una media de 40 pacientes al día, la mayoría de las veces suelo salir de la consulta a las 4 o 5 de la tarde, y en los tiempos actuales, con el COVID-19, sobre las 5 o 6. 

¿Cómo ha cambiado tu trabajo teniendo en cuenta el punto de inflexión que ha sido la COVID-19?

Fundamentalmente que se ha cambiado de la asistencia presencial a la telefónica, de tal forma que, si antes tenía una media de 40-50 pacientes diarios, ahora es de 45-60. Es más, menos de 50 es raro que tenga hoy por hoy; de los cuales, 4 o 5 son presenciales. Antes, al tenerlos en la consulta, podías tener un trato más cercano, pero en la actualidad, valoro al paciente vía telefónica para determinar si necesitan una valoración presencial. En cualquier caso, la mayor parte de las cosas se pueden solucionar por teléfono.  

Como bien has dicho, la COVID-19 trajo consigo la proliferación de la atención telefónica… ¿Crees que esta modalidad ha llegado para quedarse?

Sí, probablemente, así como un paso más avanzado será cuando nos pongan una cámara en la consulta. Eso sí, la confianza previa que tengo con el paciente por haberlo tratado de manera directa con anterioridad es la que hace que esa llamada sea óptima, porque hay una parte de comunicación no verbal, que debes sustituir durante la llamada para que el paciente entienda todo lo que le quieres transmitir. 

El protagonismo de la atención lo tiene la COVID-19, ¿cómo se lo han tomado los usuarios?

La visión que yo percibo en las redes de los usuarios es que sienten que sus médicos no los están viendo y que no son valorados adecuadamente e, incluso, se plantean que los médicos no están trabajando, porque en los centros de salud casi no hay pacientes presenciales. A veces también es conveniente que la población sea consciente de las circunstancias que estamos viviendo y de lo que queremos evitar, que es que la extensión sea tan rápida y tan intensa, que haya un momento en el que no se pueda controlar en un hospital a todas las personas que estén enfermas al mismo tiempo. Además, nosotros asumimos las normas del Servicio Canario de Salud, en cuanto a la cantidad de pacientes que pueden estar dentro y el número de personas que se pueden aglomerar.   

¿Se han preocupado tus pacientes por ti?

Muchísimo. Lo primero que me dicen por teléfono es: ¿Qué tal estás, Margarita? ¿Cómo lo llevas? La verdad que la respuesta que yo he tenido de los pacientes es bastante cordial, muy cariñosa y se preocupan de que nosotros también estemos cuidándonos para seguir ahí al pie del cañón. Ellos saben que nosotros nos preocupamos por ellos y, como tienen esa confianza y esa relación establecida, sé que van a responder cuando necesite que hagan lo que les recomiendo yo o los servicios sanitarios. 

¿Crees que las profesiones sanitarias han salido reforzadas de esta crisis?

Creo que, ahora mismo, la imagen de los sanitarios, aunque la mayor parte de las personas piensan que somos necesarios, no ha salido reforzada, porque la población no ha entendido el paso que hemos dado para evitar las aglomeraciones en los centros de salud. Creen que estamos parapetados en nuestras consultas atendiendo a la mayoría de los pacientes por teléfono, cuando esta ha sido una medida para evitar quedarnos sin capacidad de respuesta ante los pacientes graves afectados por este virus. 

Ya se empieza a hablar de vacunas… ¿Cómo ves el futuro a corto y medio plazo? 

Yo creo que la vacuna está bien, pero lo ideal es encontrar el tratamiento adecuado. Si la vacuna es fiable y eficiente, está genial, pero eso no te soluciona el problema a corto plazo, pues seguiremos teniendo personas que enfermen y requieran de algún tratamiento. Yo creo, por tanto, que es más importante tener los tratamientos adecuados para curar a esas personas y que, en un futuro, si la vacuna es eficaz, que se pueda utilizar. Realmente, lo que hay que evitar es que la gente fallezca por una complicación al no haber un tratamiento adecuado. 

Dentro de poco despediremos este 2020 para olvidar, ¿qué le pides al próximo año?

Le pido a 2021 que hayamos aprendido algo de este año. Si esto ha sido la prueba que nos tocaba para aprender y ser mejores personas, que sea eso y no lo contrario. 

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