LAS NAVIDADES Y LOS ABUELOS

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Por Inma Rodríguez Flores

Era comienzos de diciembre, Bea y Raquel se encontraron en un centro comercial de la ciudad, hacía tiempo que no se veían y sus ojos chispearon al encontrarse.

  • ¿Qué haces aquí? — preguntó Raquel a Beatriz.
  • Estoy comprando un regalo para mi madre y otro para mi abuela — contestó Bea.
  • Yo también quiero regalarle algo a mi abuela y a mi madre, a toda la familia.
  • Pues tu madre siempre le pide a la mía que le haga truchas para su cumple, que es el 28 de este mes. ¡Mira que nacer el día de los inocentes!
  • ¿Y este año se las va a hacer? A ella le encantan. Yo también quiero participar, quiero aprender a hacerlas.
  • Vale, pues si quieres nos vemos el domingo, día de Santa Lucía, y nos ponemos manos a la obra. Luego te paso un WhatsApp con los ingredientes y nos ponemos de acuerdo para comprarlos, ¿vale?

Esa misma tarde, Bea le pasa a Raquel un mensaje que dice: Batata de yema o amarilla, canela en rama y en polvo, dos limones, anís en grano, licor de anís o anís el mono, azúcar glas y normal, almendras troceadas, pasas sultanas, aceite y obleas para freír.

El domingo, muy temprano, Raquel llega a casa de su prima Bea.  La muchacha ya tiene la batata pelada y a la vez tiene bastante agua hirviendo en un caldero con la cáscara de uno de los limones, canela en rama y el anís en grano.

Una vez que el agua estaba con bastante sabor la colaron, y en ella, usando el mismo caldero, pusieron a sancochar la batata. Cuando ya se guisó, Bea le dijo a su prima:

  • Raquel, no nos vayamos a olvidar de dejar una taza del agua de guisar tras escurrir esta batata…— y mientras escurría toda el agua le hizo señas para que le acercase la minipimer que estaba sobre la mesa.
  • ¿Escachas así la batata, yo recuerdo que abuela Juana la hacía con el tenedor?
  • Sí, pero de esta forma vamos más rápido; alcánzame  el azúcar y vamos añadiendo poco a poco y no mucha; mientras, seguimos moliendo. Añade un poco de canela en polvo, un chorrito de anís… y ahora que ya está todo bien mezcladito, seguimos dando vueltas con la cuchara de madera, a fuego muy flojito, para que no se pegue. 

Las chicas estaban la mar de felices haciendo el relleno de las truchas… una vez que la crema se iba quedando más compacta, siempre guisándose a fuego lento,  Raquel añadió las almendras molidas a modo de cuadritos pequeñitos y unas pasas sin pepitas, tipo sultanas. 

  • Seguiremos removiendo, Raquel, y si vemos que espesa mucho podemos añadir poco a poco algo del agua que hemos guardado. Ya sabes que la pasa, al estar seca, se hincha junto a la masa de batata.
  • ¿Lo puedo probar? Parece que ya está…— dijo Raquel, con la sonrisa en los labios.
  • Claro que sí, primita, ¿qué te parece?
  • ¡¡¡Uhhmm!!! Mi madre no va a creer que la hemos hecho nosotras.
  • Ahora vamos a llenar la sartén grande de aceite… y freiremos la cáscara de un limón, hasta que comience a dorarse por la orillita, así lo aromatizaremos antes de freír las truchas…
  • Pero si aún no las hemos terminado de hacer… jajaja— Reía Raquel señalando a Bea las obleas aún en el envoltorio…
  • Ja, ja, ja, claro que sí. Vamos abriendo las obleas, ponemos una cucharadita de la masa en la mitad y tendremos un poco de agua en un pequeño vaso, mojamos el dedito y lo pasamos por la mitad circular, luego doblamos, uniendo punta con punta, y presionamos con un tenedor para que no se abra al freír.
  • Eso del tenedor sé hacerlo, recuerdo vérselo hacer a abuela, pero lo del agua… es la primera vez que lo escucho.
  • Sí, se hace así para que quede mejor cerrada y no se salga la masa al freír. Ahora sí que podemos preparar el aceite, para cuando tengamos todas las truchas montadas. — Dijo a la prima con un guiño.

Tras freír todas las truchas y colocarlas en un plato, y sobre una servilleta de papel para absorber la grasa, mezclaron azúcar glas y canela en polvo, lo pusieron en el dosificador de la canela y con ella iban echando un poco sobre las truchas, aún caliente. 

  • ¡¡Qué buena pinta, Bea!! —dijo Raquel— ¿Y abuela Juana y tití Antonia no hacían unas truchas con otra batata, de otro color?
  • Sí, también las hacían con batata blanca, esa que tiene la piel roja y al guisar se queda color gris clarito. Quizás esa sea la que hacían nuestras abuelas. Antes no había tanta almendra ni tanta pasa…Tengo la receta, ¿hacemos alguna así?
  • Claro, me apunto a un bombardeo navideño— contestó la joven.
  • A ver… tengo aquí la receta: 4 Kg. de batata, cáscaras de tres limones, una rama de canela, anís en grano y una pizca de sal. Escurrir la batata una vez que se ha guisado y guardar un vaso de agua….
  • Anda, como en la otra receta, hay que guardar siempre un vaso o una tacita de agua de cocción.
  • Sí, y en esta receta de la prima Loli Moreno Flores, se pasa por el pasapuré, luego le añade la ralladura de dos limones, la canela molida, un kilo de azúcar y medio vaso de Marie Brizar… Esto tiene que estar riquísimo… Pone que se sigue escachando todo, hasta que quede homogéneo, con un tenedor.
  • La verdad es que sí, riquísimo… ¿Y no se puede hacer para diabéticos? 
  • Claro, las dos recetas, sin azúcar tienen que estar buenísimas por el sabor del anís o el Marie Brizar, la canela, el limón… han de estar exquisitas, como dirían Dani y Saúl. ¿Qué te parece si llevamos unas cuantas de las que tienen azúcar y hacemos otras sin ella a los abuelos? Seguro que se acordarán de las Navidades pasadas, en las que hemos estado todos juntos, y, aunque en estas no podamos reunirnos, comerán, comeremos, todos las mismas truchas, ante una vela roja, del color del amor, en el centro de la mesa.
  • ¡¡Qué buena idea!!
  • Pues nos queda otra sesión de truchas, ¡esta vez sin azúcar…! Ahora vamos a hacer también la masa, la prima Loli me dio la receta con la masa casera también: En el vaso de agua que hemos apartado de guisar la batata, añadimos un vaso de vino blanco que hemos hervido con dos cucharadas de azúcar, un vaso de aceite en el que hemos hervido las cáscaras de dos limones y anís en grano. Lo mezclamos todo y lo colamos. Dejamos que se enfríe un poco si aún está caliente y vamos añadiendo la harina, hasta que esté espesita la masa. Luego le añadimos un huevo batido y seguimos amasando, hasta que las manos ya no se nos peguen. Llegados a este punto se deja reposar un poco y comenzamos a estirar la masa con el rodillo.  Cortamos en forma redonda con un vaso o taza como molde, añadimos la crema de batata, la cerramos y presionamos el borde con un tenedor. Hay que dejarlas hasta el día siguiente, sobre una mesa o el poyo de la cocina, al que se le ha echado un poquito de harina, para que no se pegue. No se mete en la nevera, se deja a temperatura ambiente y, al día siguiente, las freímos.
  • ¡¡Qué rico!! Ya se me hace la boca agua sólo de pensar cómo estarán de sabor, todas, las de yema amarilla, blanca, con y sin azúcar… Por cierto, ¿no se hacían también de cabello de ángel?
  • Raquel… esas las dejamos para fin de año, ¿te parece?
  • Vale, vale Bea, es muy agradable hacer las mismas recetas que hacían nuestras abuelas, y las suyas…

Ese año, en la Mesa de Navidad había tanto amor que, aunque los cuerpos estuviesen separados, los corazones se abrazaban al ritmo de los villancicos.

Era comienzos de diciembre, Bea y Raquel se encontraron en un centro comercial de la ciudad, hacía tiempo que no se veían y sus ojos chispearon al encontrarse.

  • ¿Qué haces aquí? — preguntó Raquel a Beatriz.
  • Estoy comprando un regalo para mi madre y otro para mi abuela — contestó Bea.
  • Yo también quiero regalarle algo a mi abuela y a mi madre, a toda la familia.
  • Pues tu madre siempre le pide a la mía que le haga truchas para su cumple, que es el 28 de este mes. ¡Mira que nacer el día de los inocentes!
  • ¿Y este año se las va a hacer? A ella le encantan. Yo también quiero participar, quiero aprender a hacerlas.
  • Vale, pues si quieres nos vemos el domingo, día de Santa Lucía, y nos ponemos manos a la obra. Luego te paso un WhatsApp con los ingredientes y nos ponemos de acuerdo para comprarlos, ¿vale?

Esa misma tarde, Bea le pasa a Raquel un mensaje que dice: Batata de yema o amarilla, canela en rama y en polvo, dos limones, anís en grano, licor de anís o anís el mono, azúcar glas y normal, almendras troceadas, pasas sultanas, aceite y obleas para freír.

El domingo, muy temprano, Raquel llega a casa de su prima Bea.  La muchacha ya tiene la batata pelada y a la vez tiene bastante agua hirviendo en un caldero con la cáscara de uno de los limones, canela en rama y el anís en grano.

Una vez que el agua estaba con bastante sabor la colaron, y en ella, usando el mismo caldero, pusieron a sancochar la batata. Cuando ya se guisó, Bea le dijo a su prima:

  • Raquel, no nos vayamos a olvidar de dejar una taza del agua de guisar tras escurrir esta batata…— y mientras escurría toda el agua le hizo señas para que le acercase la minipimer que estaba sobre la mesa.
  • ¿Escachas así la batata, yo recuerdo que abuela Juana la hacía con el tenedor?
  • Sí, pero de esta forma vamos más rápido; alcánzame  el azúcar y vamos añadiendo poco a poco y no mucha; mientras, seguimos moliendo. Añade un poco de canela en polvo, un chorrito de anís… y ahora que ya está todo bien mezcladito, seguimos dando vueltas con la cuchara de madera, a fuego muy flojito, para que no se pegue. 

Las chicas estaban la mar de felices haciendo el relleno de las truchas… una vez que la crema se iba quedando más compacta, siempre guisándose a fuego lento,  Raquel añadió las almendras molidas a modo de cuadritos pequeñitos y unas pasas sin pepitas, tipo sultanas. 

  • Seguiremos removiendo, Raquel, y si vemos que espesa mucho podemos añadir poco a poco algo del agua que hemos guardado. Ya sabes que la pasa, al estar seca, se hincha junto a la masa de batata.
  • ¿Lo puedo probar? Parece que ya está…— dijo Raquel, con la sonrisa en los labios.
  • Claro que sí, primita, ¿qué te parece?
  • ¡¡¡Uhhmm!!! Mi madre no va a creer que la hemos hecho nosotras.
  • Ahora vamos a llenar la sartén grande de aceite… y freiremos la cáscara de un limón, hasta que comience a dorarse por la orillita, así lo aromatizaremos antes de freír las truchas…
  • Pero si aún no las hemos terminado de hacer… jajaja— Reía Raquel señalando a Bea las obleas aún en el envoltorio…
  • Ja, ja, ja, claro que sí. Vamos abriendo las obleas, ponemos una cucharadita de la masa en la mitad y tendremos un poco de agua en un pequeño vaso, mojamos el dedito y lo pasamos por la mitad circular, luego doblamos, uniendo punta con punta, y presionamos con un tenedor para que no se abra al freír.
  • Eso del tenedor sé hacerlo, recuerdo vérselo hacer a abuela, pero lo del agua… es la primera vez que lo escucho.
  • Sí, se hace así para que quede mejor cerrada y no se salga la masa al freír. Ahora sí que podemos preparar el aceite, para cuando tengamos todas las truchas montadas. — Dijo a la prima con un guiño.

Tras freír todas las truchas y colocarlas en un plato, y sobre una servilleta de papel para absorber la grasa, mezclaron azúcar glas y canela en polvo, lo pusieron en el dosificador de la canela y con ella iban echando un poco sobre las truchas, aún caliente. 

  • ¡¡Qué buena pinta, Bea!! —dijo Raquel— ¿Y abuela Juana y tití Antonia no hacían unas truchas con otra batata, de otro color?
  • Sí, también las hacían con batata blanca, esa que tiene la piel roja y al guisar se queda color gris clarito. Quizás esa sea la que hacían nuestras abuelas. Antes no había tanta almendra ni tanta pasa…Tengo la receta, ¿hacemos alguna así?
  • Claro, me apunto a un bombardeo navideño— contestó la joven.
  • A ver… tengo aquí la receta: 4 Kg. de batata, cáscaras de tres limones, una rama de canela, anís en grano y una pizca de sal. Escurrir la batata una vez que se ha guisado y guardar un vaso de agua….
  • Anda, como en la otra receta, hay que guardar siempre un vaso o una tacita de agua de cocción.
  • Sí, y en esta receta de la prima Loli Moreno Flores, se pasa por el pasapuré, luego le añade la ralladura de dos limones, la canela molida, un kilo de azúcar y medio vaso de Marie Brizar… Esto tiene que estar riquísimo… Pone que se sigue escachando todo, hasta que quede homogéneo, con un tenedor.
  • La verdad es que sí, riquísimo… ¿Y no se puede hacer para diabéticos? 
  • Claro, las dos recetas, sin azúcar tienen que estar buenísimas por el sabor del anís o el Marie Brizar, la canela, el limón… han de estar exquisitas, como dirían Dani y Saúl. ¿Qué te parece si llevamos unas cuantas de las que tienen azúcar y hacemos otras sin ella a los abuelos? Seguro que se acordarán de las Navidades pasadas, en las que hemos estado todos juntos, y, aunque en estas no podamos reunirnos, comerán, comeremos, todos las mismas truchas, ante una vela roja, del color del amor, en el centro de la mesa.
  • ¡¡Qué buena idea!!
  • Pues nos queda otra sesión de truchas, ¡esta vez sin azúcar…! Ahora vamos a hacer también la masa, la prima Loli me dio la receta con la masa casera también: En el vaso de agua que hemos apartado de guisar la batata, añadimos un vaso de vino blanco que hemos hervido con dos cucharadas de azúcar, un vaso de aceite en el que hemos hervido las cáscaras de dos limones y anís en grano. Lo mezclamos todo y lo colamos. Dejamos que se enfríe un poco si aún está caliente y vamos añadiendo la harina, hasta que esté espesita la masa. Luego le añadimos un huevo batido y seguimos amasando, hasta que las manos ya no se nos peguen. Llegados a este punto se deja reposar un poco y comenzamos a estirar la masa con el rodillo.  Cortamos en forma redonda con un vaso o taza como molde, añadimos la crema de batata, la cerramos y presionamos el borde con un tenedor. Hay que dejarlas hasta el día siguiente, sobre una mesa o el poyo de la cocina, al que se le ha echado un poquito de harina, para que no se pegue. No se mete en la nevera, se deja a temperatura ambiente y, al día siguiente, las freímos.
  • ¡¡Qué rico!! Ya se me hace la boca agua sólo de pensar cómo estarán de sabor, todas, las de yema amarilla, blanca, con y sin azúcar… Por cierto, ¿no se hacían también de cabello de ángel?
  • Raquel… esas las dejamos para fin de año, ¿te parece?
  • Vale, vale Bea, es muy agradable hacer las mismas recetas que hacían nuestras abuelas, y las suyas…

Ese año, en la Mesa de Navidad había tanto amor que, aunque los cuerpos estuviesen separados, los corazones se abrazaban al ritmo de los villancicos.

© Inma Flores

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