“LA FE ME AYUDA A SEGUIR ADELANTE E IR SORTEANDO LAS PIEDRAS EN EL CAMINO”

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Por María Isabel Concepción Hernández (Valleseco)

Cuando nací, mi padre se vio obligado a emigrar a Venezuela, porque aquí no había trabajo. Eran tiempos muy difíciles. Por tanto, hice mi vida allí, donde tenía a mi familia, mis amistades, me casé y nacieron mis dos hijos. 

Sin embargo, el destino me cambió cuando mi marido me invitó a pasar 45 días de vacaciones en Valleseco. Nos quedamos muy sorprendidos y, finalmente, nos instalamos en este municipio, dejando atrás toda la vida hecha anteriormente. 

Lo cierto es que no todo sale siempre bien. Mi marido enfermó y terminó falleciendo, quedándome sin ingresos y con un panorama incierto. Busqué trabajo en cualquier cosa; de hecho, limpié casas, fui a coger fresas e, incluso, iba los domingos a un restaurante, todo ello sin dejar de formarme y hacer cursos. 

En mi infancia nunca me faltó nada, al igual que cuando me casé, pero aquí me vi en una situación en la que no tenía ni para comer. Recuerdo que no iba a la tienda a pedir ‘fiao’ porque sabía que no iba a poder pagarlo, pero la gente me ayudó, fuimos saliendo adelante y cada vez mejor. Por eso, yo recomiendo que, ante las dificultades de la vida, sean más grandes ustedes. No se achiquen nunca, porque la vida es así. 

Gracias a la formación que fui adquiriendo y a mi actitud ante la vida, un día sonó el teléfono con una oferta laboral del Ayuntamiento de Valleseco de ayuda a domicilio. De todos los trabajos que he desempeñado, este ha sido con el que más identificada me he sentido. Para mí fue un aprendizaje estar con esas personas mayores… ¡Cuánta sabiduría! Me di cuenta de lo sencillos y humildes que son, algo que tengo grabado en mi mente y nunca olvidaré. 

En cualquier caso, la vida no siempre es como queremos; a veces nos alegra y otra nos duele. Durante estos dolores, tenemos que seguir adelante, pensar siempre en positivo. Decimos que cuando pasan las cosas es por algo y siempre se aprende, tanto de lo bueno como de lo malo. En mi caso, cuando las penas y los sinsabores tocan a mi puerta y pienso que ya no hay solución, algo en mi interior me dice: sigue adelante, no desfallezcas que estoy contigo. Es la fe la que me ayuda a seguir adelante e ir sorteando las piedras en el camino. 

Perdí un hijo el año pasado. Es un dolor tremendo, porque los hijos son lo más grande y los padres preferimos que nos suceda algo a nosotros antes que a ellos, además de que, por lógica, tenemos que irnos antes. Cuando vives una experiencia tan traumática como esta, piensas que no lo podrás soportar, que ya nada tiene sentido, pero, poco a poco, te vas dando cuenta de lo equivocada que estás: ¿Puede ese dolor hacer que te olvides de ti? ¿Es que ahora, con tu pena, le vas a hacer la vida más difícil a los tuyos? ¿Es que ellos no son importantes para ti? Ahora, más que nunca, tienes que luchar y pensar que tu hijo desde el cielo te está mirando y no quiere verte así. Y convertir todos esos pensamientos en positivos y seguir adelante, con fuerza y amor hacia todos, pero sobre todo hacia ti, porque eres muy importante y se necesitan mutuamente. 

Por otro lado, es muy común ver las desgracias ajenas y pensar que eso no nos puede suceder a nosotros: ¡Qué equivocados estamos! ¿Acaso somos mejores que ellos? No, todos somos iguales y, en cualquier momento, nos podemos ver en esas situaciones. Sin ir más lejos, el COVID-19 nos ha hecho darnos cuenta de lo vulnerables que somos, porque se ha dado en un contexto, en pleno siglo XXI, en el que, a pesar de sus grandes avances, ha muerto mucha gente en todo el mundo. Por ello, es el momento de la unión entre todos, porque no podemos estar abatidos sin fuerzas ni ánimo, sin saber cuándo terminará esta situación. 

Sin duda, la pandemia nos ha dado la mejor lección de vida, porque nos ha enseñado a valorar mucho más lo que tenemos: la familia, la libertad, los besos, los abrazos, las sonrisas, los encuentros… Nos ha enseñado a ser más amables, desinteresados, comprensivos, a tener más empatía con los demás, a conocer a los que tenemos cerca y no los tomábamos en cuenta, es decir, han aflorado muchísimos sentimientos durante esta pandemia, que es con lo que tenemos que quedarnos. 

La vida es un subir y bajar, pero está en nosotros aprender de estas situaciones y nunca dejar de luchar y seguir adelante. Ánimo.  

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