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“LA ALDEA Y MI PADRE SON LAS RAZONES DE SER DE MI NEGOCIO”


Por Idaira del Pilar Santana Santiago (La Aldea)


Me llamo Idaira y soy aldeana .Tengo 40 años y hace 3 meses que soy la chef y propietaria del restaurante “Agus”, en La Aldea de San Nicolás.

Hay dos cosas que he tenido clarísimas en mi vida, tan dispares como identitarias: ser cocinera y guardia civil. Profesiones de un mundo de hombres y de las que tengo mis reconocimientos y enseñanzas. De la primera, recuerdo la cocina de mi madre, sus olores, su dedicación para que todos los días los platos supieran a hogar, a cariño, a la mayor de las protecciones. Los mismos ingredientes que utilizaba mi mentor, que sin intención alguna, hizo que mi devoción por los fogones se acrecentara. Nicolasito, el cocinero del colegio de La Ladera, de lunes a viernes nos mimaba. Todos los niños y niñas que hemos pasado por ese comedor, lo recordamos no solo como la persona que preparaba nuestra comida todos los días, sino también la que nos daba de comer, porque en sus platos había preocupación, amor… En definitiva, crecimos con y gracias a él. Nos enseñó a comer. Los dos, Lala y Nicolasito, me dejaron la esencia de la cocina tradicional, de la comida de caldero, cocinada a fuego lento.


La visión profesional llegó en octavo de EGB cuando Pepin nos llevó de excursión a HECANSA. Esa cocina profesional e industrial… Ahí me ví. Hoy un sueño hecho realidad.


Ahora que lo pienso la vida militar y la cocina son dos profesiones con bastante disciplina. El producto final no se consigue si los pasos no se cumplen adecuadamente. Además te tiene que gustar. Es muy sacrificado, son muchas horas al servicio de los demás, pero me produce una satisfacción enorme.


Con 18 años dejé mi Aldea y me fui a Tenerife al ejército. Hija, hermana y cuñada de guardias civiles las fuerzas armadas forman parte de mi ADN, por lo que personalmente tenía que acercarme a la vida militar, a la benemérita, mi gran familia, que no es la que se tiene sino la que se elige, por convicción, por vocación. Después de seis años, ya en Las Palmas, decido poner punto y final. Estoy convencida de que la vida está llena de etapas y retos personales e Idaira con 24 años ya había cumplido un objetivo: velar por la seguridad de todos los españoles.


Fue entonces cuando me monté en un montaña rusa; Zaragoza, Las Palmas, administración, peón de automoción, comercial, intérprete de lengua de signos, recepcionista… todos realizados, pero en ninguno me sentía realizada.


Y me volví a parar y a encontrar. HECANSA fue mi siguiente destino, aquí tuve la gran suerte de encontrarme con excelentes profesionales que me formaron como ayudante de cocina, apostando por mí desde el primer momento. Esa apuesta me permitió quedarme a hacer las prácticas en HECANSA por tener la mejor puntuación de mi promoción y me dio el acceso al mercado laboral como cocinera en un hotel de 4 estrellas. Un año después, mi segunda casa: el restaurante El POTE, me abrió las puertas de su cocina, permaneciendo en ella durante 10 años. Una cocina formada por 4 hombres en la que fui ascendiendo hasta quedarme como jefa de cocina. Las cocinas de España están llenas de mujeres cocineras, que tienen su reconocimiento con Estrellas Michelin, pero paradójicamente no son visibles.

Seguimos a la sombra de ese reconocimiento social que sí tienen los hombres. Por ponerles un ejemplo, he estado nominada a los Premios “Qué bueno” durante 4 años y el 13 de febrero de este año fuimos distinguidos. El primer año sólo estuvimos dos mujeres nominadas de hostelería de las 8 islas. Además, cuando entré en EL Pote chocaba más ver una mujer jefa, se iban a hablar con mi segundo. Por eso, ahora que tengo mi propio negocio, me he empeñado que el personal sean mujeres.
Si algo tengo claro ahora mismo es que de lo malo también se aprende y aunque me ha costado un tiempo buscar la fortaleza la he construido de tal manera que me permite arriesgar y, hoy en día, soy propietaria de mi propio restaurante, no porque me mueva el dinero, sino porque me mueve el corazón.


He tenido grandes ejemplos en casa, mi padre, mi amigo, que hoy en día me sigue acompañando y su nombre lo llevo como estandarte de mi día a día: “Agus” es mi apuesta personal y profesional, mi reconocimiento a quien en la actualidad donde esté aún sigue confiando en mí.


La Aldea y mi padre son las razones de ser de mi negocio por lo que significó este pueblo para él y la satisfacción de ver a su gente contenta al degustar mis platos.
Seguiremos desde este rinconcito del Noroeste de Gran Canaria trabajando por ser “Más nosotras” cada vez más empoderadas, más visibles.

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