“Hammerhoj design nació cuando empecé a medir mi felicidad en valor monetario”

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Por Raquel García Hammerhoj (Tenerife)

Empezar presentándome siempre me ha parecido un poco ególatra, pero cierto es que no puedo explicar qué significa Hammerhoj design, sin explicar quién es Raquel. Y escribo Raquel a secas porque, dependiendo del contexto, me llaman Raquel García o Raquel Hammerhoj, y lo que aquí trataré de explicar, más allá de mi proyecto, es quién soy yo: Raquel.

Yo fui una niña que, por circunstancias de la vida, creció rápido y debió ser muy responsable. Por lo tanto, aprendí el valor del esfuerzo, la constancia y la responsabilidad muy pronto. Además de todo esto, siempre me acompañó, y fue mi amiga incondicional, la creatividad. Era de esas niñas que no tenía ningún “chisme electrónico” y que, por el contrario, pintaba, hacia figuras de barro, tejía, hacía punto de cruz y, ya algo más mayor, le quitaba la ropa a mi abuela o le pedía a mi madre que me cosiera piezas especiales que veía en las revistas.

Me empeñé en estudiar; me agarré a la posibilidad de que, teniendo una carrera, mi mundo profesional sería más fácil (jajajajaja, la ingenuidad de los 16 años). Y digo que me empeñé, porque con 16 años me vi obligada a empezar a trabajar y de ahí, hasta entonces. Eso sí, no quise, por ello, renunciar a mi formación, porque era muy buena estudiante.

Mientras sacaba la Diplomatura en Relaciones Laborales en la Universidad de La Laguna y, posteriormente, un Master en Prevención de Riesgos Laborales en la misma universidad, trabajé de dependienta y de administrativa laboral. Una vez finalizada mi formación, pasé al mundo de los seguros y ahí mi crisis interna estalló.

Me dediqué toda la vida a ser aquello que se suponía que debía ser, pero nunca me pregunté qué era lo que realmente me hacía feliz a mí. En ese momento, comenzó un período de, vamos a llamar tristeza, que deriva de una incomprensión de mí misma y de un inconformismo con lo que había terminado siendo. Comencé a buscarme, a reencontrarme en esa niña que cogía retales de tela y hacía bolsillos o creaba looks extravagantes con mezcla de ropa de los 60 y los 90. 

Entre tanto, evidente, me despidieron, y digo evidentemente, porque cuando tú no te encuentras bien, nadie se encuentra bien contigo. Tus sentimientos los proyectas en tu trabajo, en tu familia y amigos, así que las cosas empiezan a ir “mal” o empiezan a coger rumbo, depende desde qué prisma lo mires. En el momento en el que ya me despiden, doy un puñetazo en la mesa y empiezo a hacer cosas, entre las que está planificar un viaje, un viaje que me cambió la vida.  Cogí rumbo a Santiago de Compostela para caminar 125 km y llegar hasta Praza do Obradoiro.

¿Por qué El Camino? No lo sé, simplemente sucedió. No puedo describir lo que viví durante los 6 días que caminé, porque este artículo se me quedaría bastante corto, pero solo puedo asegurar que volví mejor, siendo más Raquel, una Raquel encontrada.

Este fue mi inicio y, a partir de entonces, siempre me preguntaría, antes que nada: “¿esto me hace feliz a mí?” Y mi felicidad empezaría a medirla con valor monetario. No todo es euro arriba o euro abajo, es “¿cuánto de feliz me hace esto?” o “¿cuánto de infeliz me hace esto otro?” Y sin perder de vista esta perspectiva nació: Hammerhoj design. Como respuesta a esa necesidad creativa silenciada durante tantos años y como terapia para el desarrollo profesional que yo necesitaba. Porque necesitaba desarrollarme profesionalmente, lo sentía, necesitaba saber de qué era capaz, ponerme a prueba, pero siendo feliz.

Los primeros años de vida de Hammerhoj fueron complicados, pero muy ilusionantes. Siempre supe que quien quiere recoger frutos tiene que sembrar y mucho, y que lo que ocurra negativo por el camino, solo son enseñanzas que debemos interiorizar para avanzar. Y avancé; llegó un momento en el que empezamos a estabilizarnos y a conseguir objetivos reales. Yo asumía responsabilidades que nunca pensé ser capaz, como la de formar un equipo que se considere familia, un equipo para las buenas y para las malas, implicado con el proyecto, con Hammerhoj, y que todo fuera muy Hammerhoj.

En este punto estamos, en un punto tras la pandemia en el que nos sentimos fuertes… ¿Qué más puede pasar? ¿Que nos caiga un meteorito? Las crisis son para avanzar y, cuando esto lo interiorizas, cada vez duelen menos y sabes enfrentarte a ellas mejor. La pandemia nos ha dejado un año difícil, pero de mucho crecimiento, profesional y personal, porque la idea de nuestra vida, la de Hammerhoj y la mía, es la de siempre crecer.

FOTOS: Lucilla Bellini

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