“EL MIEDO NO TE DEJA CAMINAR”

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Por Clemencia Navarro Cabrera (Tejeda) 

Aunque me llamo Clemencia, todo el mundo me conoce por Sita. Acabo de cumplir 75 años y siempre he vivido en el mismo barrio de Tejeda, donde me he dedicado a la agricultura y a mis labores del hogar. 

Estoy casada y tengo 7 hijos: 4 hombres y 3 mujeres, que, afortunadamente, están saludables y tienen trabajo. Además, ya tengo 12 nietos y 2 bisnietos, a los que adoro. Todo lo que no le permití a mis hijos, se lo dejo hacer a ellos, incluso brincar sobre las camas. Cuando mis hijos me lo reclaman, les digo que lo consiento para que quieran seguir viniendo. 

La verdad es que pasé mucho trabajo para poder sacar adelante a mis 7 hijos. Cuando estaban en el colegio, todo eran gastos: una libreta por aquí, un libro por allá o unos lápices… Y cuando se impuso el uniforme, se me partía el alma porque no podía permitírmelos, ya que yo los vestía con la ropa que me daban. 

Y es que lo que pasábamos antes no tiene nada que ver con lo de ahora, ni siquiera con la situación que atravesamos con la pandemia. Yo no tuve zapatos hasta los 14 años y, en la actualidad, un niño puede tener hasta 7 u 8 pares, uno de cada color. Por otro lado, dormíamos 4 o 5 en la misma cama y no teníamos ni para taparnos, así como comíamos 2 en un plato. Había bastante miseria y también mucha enfermedad, pero como no se veía en los medios de comunicación, la gente no se enteraba. 

En este momento de mi vida, estoy feliz con lo que tengo. Mis planes para el futuro pasan por disfrutar de la vida y de mi familia, por la que rezo cada día para que esté bien. Quiero seguir viviendo en mi barrio de Tejeda, porque soy muy feliz aquí. Me encanta salir con el coche, que me saqué el carné hace 42 años, y visitar el casco o la capital, porque alegar con la gente me chifla. 

Si volviera atrás con lo que sé ahora, estudiaría, porque como decía mi padre: “El saber no ocupa puesto”. Y, seguramente, me hubiera decantado por una carrera como Historia, porque es lo que más me atrae. 

Mucha gente de la zona se fue de aquí para estudiar. En mi barrio residíamos más de 100 personas y, en la actualidad, solo quedamos unas 10. Al haber vivido aquí y trabajar en lo que era la agricultura, sabíamos que estudiar era la mejor alternativa. 

En este sentido, debo decir que mi padre siempre me inculcó estudiar y, además, no hizo distinciones en este aspecto entre sus 5 hijos y 5 hijas. Cuando se dice aquello de “antes no se podía estudiar, porque no había posibilidad”, yo creo que no es cierto, ya que sí hubo gente que lo logró. En mi caso, por ejemplo, me desmotivé porque una maestra que tuvimos nos daba con la vara en las piernas y nos ponía de rodillas en el suelo de piedra… ¿Quién iba a querer estudiar con ese panorama?

Con respecto a mi matrimonio, debo decir que, afortunadamente, mi marido tampoco ha sido machista. Siempre ha podido hacer cada uno por su lado lo que ha considerado, sin que el otro lo gobierne, aunque yo creo que esto también es una cuestión de lo que permita cada uno y, en este aspecto, muchas mujeres tienen la culpa de no contar con la libertad que les corresponde. 

En definitiva, el trato tiene que ser igualitario, porque el miedo no te deja caminar. También es verdad que yo he aprendido gracias a los tropiezos que he tenido y que han sido muchos, por lo que tengo claro que, de mi pasado, lo único que no cambiaría sería a mi familia y, en especial, a mis padres y a lo lindo que estaba el campo en su época, con su maravillosa agua y apetitosa fruta. Tuve la fortuna de tener unos padres maravillosos, aunque mi madre falleció cuando yo tenía 9 años. Como ya he dicho, he pasado por mucha miseria, pero ahora soy feliz y lo que más me apetece es vivir con tranquilidad. 

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