“CORREOS FUE UNA EMPRESA PIONERA EN INCORPORAR MUJERES EN SU PLANTILLA”

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Por Rosi Monzón (Tejeda) 

    Es un privilegio ver amanecer y atardecer cada día en Tejeda, y yo lo tengo…

     Mi nombre es Rosi Monzón, hace 52 años nací en Tejeda y, a día de hoy, sigo viviendo en este pueblo del cual me declaro enamorada.

     Siempre he creído, y sigo creyendo, que la vida de cada ser humano no es ni mejor ni peor, sencillamente, es diferente, que unidas, forman historia y como tal, contaré algunos matices de la mía.

     Tuve una infancia muy bonita, en la que mis padres me inculcaron muchos valores, de los cuales, a día de hoy, estoy muy agradecida. Sin lugar a dudas, soy de una generación muy especial: compartíamos, correteábamos, jugábamos a infinidad de juegos; en definitiva, éramos almas libres y felices, algo muy importante en esta vida.

     Estudié administrativo en la antigua universidad laboral, trabajé en muchas ocasiones fuera de mi pueblo, he viajado porque me gusta conocer otras culturas y costumbres, pero todo esto tiene un denominador común, la vuelta a casa después de varios días, el cruzar la Cruz de Tejeda y ver el paisaje de mi pueblo (que mucha razón tenía Unamuno al describirlo como tempestad petrificada), es como abrir la puerta de casa, me transmite paz, energía, al respirar ese aire… Les aseguro que es difícil describir con palabras este momento tan especial.

     Colaboro en asociaciones de forma activa, me gusta luchar por las causas justas, participar en actividades, cursos, caminatas, colaborar para mantener vivas nuestras costumbres, que será el legado que dejemos a futuras generaciones para no perder nunca nuestras raíces.

     Llevo más de 20 años trabajando en Correos, de los cuales, los últimos 15 estoy en Tejeda. Hace muchos años, este trabajo era cosa de hombres, pero Correos fue una empresa pionera en incorporar mujeres en su plantilla y yo he tenido la suerte de llegar en esta época. Trabajar en el mundo rural es muy diferente a la ciudad, no sólo por el clima y la orografía, sino que aquí no se reparte por calle y número, se hace por nombre y apellido; le ponemos rostro a esos destinatarios, lo que lo hace más humano y cercano. Nos conocemos, charlamos, nos ayudamos, informamos a turistas y foráneos cuando se acercan a preguntar. Para mí, es un placer que esas calles por las que correteé cuando pequeña, formen hoy parte de mi trabajo, el cual realizo felizmente.

     Me gustaría seguir levantándome cada mañana y seguir haciéndole frente a la vida, a pesar de los problemas, seguir regalando una sonrisa, seguirle dando sentido a mi vida, disfrutar de cada momento con mi gente, porque al final, eso es lo que me llevaré… LO VIVIDO. 

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