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“CADA PIEZA ARTESANAL ES ÚNICA Y EN ELLA SE LLEVA EL ALMA DE QUIEN LA DA Y DE QUIEN LA RECIBE”

Por Jennyfer Cabrera (Artenara)

Hace 51 años nací en plena Playa de Las Canteras en la Clínica San José. Mi padre se empeñó en ponerme Jennyfer, me imagino que por la época turística de ese entonces, porque hasta buscó un cura anglosajón para que oficiara el bautizo. Mi primer apellido Cabrera viene por mis abuelos paternos llegados desde Lanzarote y Guerra por línea materna, llegados a La Isleta desde San Mateo. Por algún lado me tenía que venir esa vena rural, aunque antes casi todo el mundo se dedicaba al sector primario, por lo que no es extraño que tanto mi procedencia como la de la mayoría de nosotr@s sea de las zonas rurales de la isla.

Académicamente no llegúe a graduarme en lo que hoy sería Secundaria, pero, con el tiempo, la vida me ofreció la oportunidad y pude llegar a cerrar ese ciclo.

En mi adolescencia siempre estuve en colectivos relacionados con la Naturaleza: campamentos, reforestaciones y, poco a poco, cada vez me interesó más la vida en el campo. Ya estudiando BUP, me leía libros de horticultura o fitoterapia y así cada vez más…Hasta que la vida puso a mi esposo en mi camino y a mí en el de él, y por su culpa llevo casi 30 años por aquí con idas y venidas, porque el mundo laboral no está siempre donde una quiere.

La vida por La Cumbre siempre ha estado marcada por figuras jurídicas en las que la población se ve afectada. Participando en varios colectivos desde hace años, queremos llevar la defensa de nuestro territorio y nuestra forma de vida a algo real y fructífero en tiempos venideros; necesitamos relevo generacional para que no desaparezca esta forma de vida, para que se reconozca y se ponga en valor donde le corresponde. Así estamos con RBGC (Reserva de la Biosfera de Gran Canaria) y ahora con los Paisajes Culturales protegidos por las Montañas Sagradas, herramientas que bien gestionadas son tan potentes como nosotras queramos.

Es por ello que el mundo rural se debe preservar desde la mirada de nuestros ancestros. Ellos nos han dejado un legado que debemos proteger y preservar con un futuro por delante. Esos cercados o bocaos, como decimos por aquí, donde se cultivaba, todo un paisaje labrado a hombro y sudor.

Mujeres y hombres -codo con codo- dando vida a todo lo que hoy nos rodea.

Aprender un oficio artesanal para ganarse la vida es algo pasional. Me enseñó a tejer Paula Monzón en su taller de la calle Perojo, porque aprovechaba por ese entonces mis estancias en la capital. Ávida de continuar el aprendizaje, seguí de forma autodidacta; incluso aprendí a hilar con Antonia Cazorla en Guayadeque. Introduciéndome en el fascinante mundo de la tejeduría, adquirí libros y mi telar que aún hoy sigue conmigo después de 28 años.

Casi siempre he trabajado por encargos porque lo combino con otras facetas de mi vida, como son el plantar la finca con mi esposo, hacer conservas de los excedentes de la finca o el mantenimiento de unas Cuevas Vacacionales en Acusa Seca.

Siempre he creído que aunar fuerzas y trabajar todas a una es imprescindible siempre que nos llevemos por lo que nos une, que es lo que importa, porque las diferencias están ahí, pero cuando se trata de sacar proyectos adelante es mejor ir juntas. Así, durante años, funcionó la Asociación de Artesan@s de Artenara; años en los que no faltábamos a Ferias de Artesania en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Artenara, incluso llegamos a tener una Cueva-Centro de Artesanía para vender nuestros productos y de otros artesanos de las islas. Todo ello dentro del programa europeo LEADER I.

Seguidamente, vinieron tiempos convulsos y, por diferentes motivos, todo se disgregó.

Después de años en varias tareas por la capital, también por trabajos de mi esposo y de seguir haciendo encargos puntuales, se me presenta la oportunidad de enseñar el oficio por parte de la FEDAC y, más tarde y recientemente, por el Ayuntamiento de Artenara, con la creación de una Escuela de Tejeduría en el Barrio de Las Arvejas.

Es un lujo enseñar a quienes quieren aprender; me motiva aunque sea una señora de 70 años y más aún cuando hay gente más joven. El ver en sus caras el descubrimiento de técnicas que han brotado desde dentro de cada una en sus tapices iniciales y empíricos o en sus tejidos, no tiene palabras.

Muchas veces trabajas por devoción, por difundir, por seguir una utopía realizable quizás y con la satisfacción se queda una por pagada, pero me satisface más trabajar encargos especiales, irrepetibles, perdurables en el tiempo y en las generaciones, que trabajar a destajo por algo más en serie.

Cada pieza artesanal es única y en ella se lleva mucho más que algodón y lana o lino o seda o cualquier material….lleva el alma de quien la da y de quien la recibe. La satisfacción es recíproca entre la artesana y la adquiriente.  

Y así debe ser en todas las facetas de la vida a la que te entregues. La satisfacción o el pedacito de felicidad que me da culitvar y recoger lo que la Madre Tierra tan agradecida nos ofrece, no tiene comparación con casi nada.

No podría acabar sin el fragmento de mi poeta, cantautor, músico, tovador… mi querido Silvio Rodríguez:

Venga la Esperanza, pase por aquí

Venga de 40, venga de 2000

Venga la Esperanza, de cualquier color

Verde, roja o negra, pero con Amor.

Gracias por la oportunidad de escribir un pedacito de mi historia.

Gracias por hacernos llegar tantas historias de tantas Mujeres (Aquí podría hacer otra cita de Silvio Rodríguez, pero ya sería mucho, pero sepan que tiene un disco todito dedicado a Nosotras)

¡Y que las buenas mañas nunca pierdan! Abrazos, Memorias.

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