Queridas lectoras, querida comunidad:
Hoy, por fin, me atrevo a escribir la editorial que llevo años rondando en el alma. Especialmente para esta edición del Día de las Madres, porque sentía que tenía que llegar el momento justo, el domingo perfecto para abrir mi corazón del todo. Y ese momento es ahora.
Siempre he dicho, y lo repetiré mientras tenga voz, que una mujer es mujer porque hubo una madre que le dio la vida. Eso es lo más hermoso de esta existencia: el milagro de ser engendradas, cuidadas, amadas desde un latido previo al nuestro. Somos por ellas. Se ama eternamente a una madre, aunque ella ya no esté. Y precisamente por eso, por ese amor que no entiende de despedidas, he querido que en esta edición especial mi voz sea más íntima que nunca.
Por primera vez en una editorial, voy a hablar de mi madre.

Ella partió hace veinte años, con solo 51. Nos dejó un vacío tan grande que aún hoy, dos décadas después, aprendo a habitar sus bordes. Pero no quiero que este texto hable de ausencia, sino de todo lo que llenó. Mi madre fue una mujer comprometida con la vida. Vivía cada instante como si no hubiera un mañana; como si en el fondo de su pecho ya supiera que se iría pronto. Y quizá por eso, sin saberlo, nos enseñó la lección más importante: hacer de cada momento algo especial.
Hasta su último aliento nos cuidó. Siempre pendiente de nuestro bienestar, adelantándose al suyo propio. Así es el amor de madre: ese instinto que antepone la luz del otro a la propia sombra. Y ella lo llevaba grabado en los huesos.
Fue una mujer extraordinaria. En ocasiones dura, sí, pero con una fuerza inquebrantable, de esas que solo encontramos en las madres que lo dieron todo sin pedir nada a cambio. Mi hermano Iván y yo somos, en cada gesto y cada recuerdo, la huella viva de su amor. Todo su amor se refleja en los dos. Ella, que sigue siendo la luz de mis ojos.

Por eso, madre mía, Juana Jesús Díaz Díaz, mi querida Susa, quiero decirte hoy, desde estas líneas que leerán tantas personas, pero que van solo para ti: te amo con toda mi alma. Te amo con el mismo amor con el que tú me enseñaste a latir. Y aunque ya no estés físicamente, cada editorial que escribo, cada mujer que se siente acompañada en masnosotras.com, cada abrazo que damos desde esta revista, llevan tu nombre.

A todas las madres que nos leen, gracias por ser ese pilar invisible. Y a quienes, como yo, tienen a su madre en el recuerdo eterno: sigamos siendo la huella viva de su amor. Porque de eso se trata: de honrarlas viviendo con la misma pasión con la que ellas nos dieron la vida.
Somos por ellas. Y por ellas, seguimos.
Feliz Día de las Madres.
Con todo mi corazón,
La directora de masnosotras.com