“Con los ojos de la inocencia no existe discapacidad alguna”

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Por Elsa Calero (Tejina, Tenerife)

Me llamo Elsa y no tuve hermanos ni hermanas, puesto que, cuando tenía un año de edad, mi padre tuvo un accidente de tráfico y sufrió una paraplejia, que le condicionó  a vivir practicamente dependiente. Con lo cual, la figura paterna, en mi caso, era adorable, tierna, mimosa… y se convirtió en el niño de la casa. A mi me criaron mis abuelos, porque mamá tuvo que ir a trabajar.

Desde bien pequeña, me crie viendo a mi padre feliz, contento, cantando y contando chistes, así como a mi madre, que lo dio todo y decidió cuidarlo siempre. Para mí, mi madre, realmente es mi ejemplo a seguir. Compartí mis 50 años, con sillas de ruedas, con pañales, con rehabilitaciones y un largo etcértera.  Mi padre, mi abuela y mi hijo.

Me gustaba estudiar y ser independiente; daba clases en los veranos a niños pequeños para poder comprarme mis cosas.

Me acostumbré a ser independiente. Cursé la rama de administración y, ese  último año, empecé a trabajar en una academia, impartiendo clases técnicas de administración.

Con 19 años, me vi trabajando, aunque la intención era seguir con mi formación y hacer la carrera de empresariales. Pero ya con trabajo, lo que quería era vivir, viajar, creí que ya era adulta (tremendo error)…

Me caso a los 25 años y, tras varios años de intento, decidimos hacernos un tratamiento de fertilidad.  Un embarazo muy cuidado, muy deseado, pero, en el momento del  nacimiento: Sorpresa.

Mi hijo nace con una miopatía,  una enfermedad muy rara, con un desenlace peor.

Nos divorciamos, aunque la vida de nuestro hijo, fue  una vida compartida, donde los papas decidimos darle a nuestro hijo la  mejor calidad de vida.

Aprendimos, quizás en esta situación, yo como madre, estoy todo el día con él, porque mi hijo es dependiente al cien por cien; respira con ventilación asistida y sus movimientos son muy débiles a la hipotonía que padece. Ambos conincidimos en que el levantarnos y ver a nuestro hijo sonreir, esa cara de felicidad, nos motivaba a seguir buscando soluciones y a continuar en la lucha.

Nos dio muchas lecciones de vida y sobre todo de esperanza.

Bien es cierto que su pronóstico no superaba el primer año de vida y vivió casi 3 años, salía de paseo, de parques,  conoció el mar, los amigoss en la guardería, donde asistía una hora a la semana junto conmigo, y la alegria de esas caras, al verlo, me emocionan aún. Bien es cierto que con los ojos de la inocencia, no existe discapacidad ninguna, solo alegría  y niñez.

Duro golpe de la vida su pérdida, pero la satisfacción de haber tenido una vida con él y haber aprendido tanto, hacen de hoy en día la persona que soy.

Empiezo mi nueva vida, en solitario, mientras sigo formándome y trabajando. Un día decido hacer un curso de Lengua de Signos Española, me gusta, hago varios de iniciación hasta que tengo la oportunidad de hacer el de promoción y sacar una titulación.

Me encanta, empiezo a conocer gente, personas sordas, amig@s sordos, y bueno, me gusta ser partícipe de ello.

Decido montar mi tienda de ropa , aquí en mi pueblo, Tejina, y recuerdo poner un cartel que quería decir que este establecimiento es accesible a personas con sordera, ya que me podía comunicar en lengua de signos.

Me gusta crear cosas, me gusta hacer escaparates y soy muy extrovertida .

Muchas de  mis client@s son sordas y venían y se enfadaban  porque no podían comunicarse, ya que no me podían leer los labios. Esto para ellos ha sido como volver al pasado en su desarrollo.

Creo una mascarilla con ayuda de una costurera, poniéndole acetato como pantalla y así poder comunicarnos. La acogida de la mascarilla fue genial y sigo mejorándola técnicamente hasta llegar a crear un proyecto, en el cual empiezo a colaborar con la empresa Guayarmina textil y Chloe textil para su producción, trabajando con un centro especial de empleo, siendo la mascarilla comunicativa Sonrisa Accesible, creada por personas con discapacidad.

La satisfacción que tengo en estos momentos, de haber creado algo que puede ayudar a muchar personas, no sé cómo trasmitirla. Desde mi lado, creo que la mayor riqueza del ser humano es hacer las cosas desde el corazón, con humildad y, sobre todo, con mucho amor.

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