“Ser TRANSmadrina es un regalo con el que yo no contaba”

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Por Eva Pascual (@evapascualcoach)-.

He contado tantas veces mi historia en estos últimos diez años, que hacerlo de manera diferente y sentirla de nuevo como algo especial, he de reconocer que no ha sido tarea sencilla. Diez años han dado para muchas entrevistas de radio, prensa o televisión, participar en el Parlamento de Canarias o intervenir en el Senado en Madrid, incluso para haber participado en al menos las páginas de tres libros, así que, a corazón descubierto y siendo honesta conmigo, creo que todo comenzó cuando yo era adolescente y ya comenzaba a sentir que la maternidad sería algo importante en mi vida. Hoy, más de treinta y cinco años después, me atrevería a decir que está sobrevalorada y que ser madre no es una meta, pero, por aquel entonces en el instituto, a mí me parecía la aventura más bonita del mundo sin saber lo que el universo me tenía reservado…

Hay diferentes maneras de ser mamá y la adopción en mi corazón cada vez que lo pensaba iba ganando la partida a cualquier otra opción de maternidad, porque pensaba que el mundo estaba lleno de peques que no tenían alguien que les cuidara y yo siempre decía que quería ser madre “de un niñ@ del mundo” y, por supuesto, así se lo hice saber a mi “noviete del instituto”, que se convirtió en mi marido y mi mejor compañero de vida, treinta y seis años después.

Claro que también queríamos un bebé que tuviera nuestros genes, esa curiosidad de cómo sería alguien mitad tú y mitad yo, pero la adopción seguía ganando.

Para adoptar en España debes tener 30 años y poder inscribirme como pareja adoptante fue mi regalo de mis 30 primaveras, 0072/2005, nuestro número de registro en menores que, sin saberlo, era el comienzo de mi gran aventura de vida. Y no era sólo el hecho de convertirme en mamá, supuestamente dieciocho meses después, que se convirtieron en más de cinco años de espera, tenía que ver con qué hij@ había elegido el universo para mí, la pieza del puzzle de mi vida que yo desconocía.

El 26 de agosto de 2010 en Guangdong, China, cogía por primera vez en brazos a mi bebé, que ese día cumplía nueve meses, pero pesaba tan sólo seis kilos doscientos gramos. Sin duda, llegaba para llenar nuestra casa de mucho más de lo que podíamos imaginar. Hoy lo pienso y ya el universo nos mandó alguna pista antes de tenerlo en brazos, pero todas esas pistas no las ves, porque no estás preparada para verlas. 

Comenzamos nuestra maternidad y paternidad llenos de ilusión, y el 31 de diciembre de ese mismo año estábamos embarazados de nuestra segunda hija, así que, ahora que lo pienso, el 2010 fue un año que nos cambió la vida para siempre. Nuestr@s hij@s se llevan veintidós meses y en un año fuimos papis de dos, algo que me costó interiorizar como un año y medio y lo recuerdo perfectamente, porque después de veinticinco años viviendo juntos, fueron muchos cambios en sólo 12 meses, porque el 20 de agosto del 2011 ya estaba la familia al completo. Ella es, sin duda, la hermana perfecta, su fiel aliada y defensora, tardó porque tenía que ser ella; el universo volvía a acertar de plano y yo todavía no era consciente de ello.

Antes de los tres años ya notábamos que algo no terminaba de “encajar” y confieso que a menudo pensaba que el orfanato donde mi bebé había estado sus primeros nueve meses de vida junto a un embarazo que no sabíamos cómo había sido eran “los culpables” de algo a lo que no sabíamos poner nombre exactamente. Nuestro bebé sentíamos que no era del todo feliz y, además, teníamos la suerte de tener a su hermana y las comparaciones, si bien pueden ser odiosas, a nosotros nos servían de “termómetro familiar” y, sin saber muy bien, que mi marido decía: “tiene un rebumbio por dentro”, pero lo achacábamos a su pasado, sin imaginar que estaba todo por hacer en su futuro y que cada día nos acercábamos más a lo que se convertiría en la gran aventura de nuestras vidas como familia, pero también como personas para cada uno de nosotros.

Hoy me gusta decir que hay veces que a las familias “nos pica el alma” y hay que pararse a ver el por qué y eso fue lo que hicimos. Comenzamos a buscar información cuando, tras una charla sobre Diversidad Sexual en el AMPA del colegio, todo comenzó a tener sentido… Recuerdo que hablaron sobre homosexualidad y yo pensé: tengo que ponerme al día porque yo quiero que mis hij@s sean libres de amar a quién les dé la gana y para ello he de transmitírselo yo de la mejor manera que pueda. Pero, después, la ponente comenzó a hablar sobre la TRANSEXUALIDAD en la infancia y en la adolescencia, y ahí sentí que estaban hablando de mi peque. Cada ejemplo era alguno de los episodios que vivíamos en casa a diario y aquello que papá llamaba “REBUMBIO”, en realidad era transexualidad. Cómo era posible que con cuarenta años que yo tenía en ese momento no tuviese ni idea de que la identidad sexual era algo intrínseco a la persona, que nada tenía que ver con la orientación del deseo (porque habíamos pensado que quizás era una “niña muy masculina”), pero la realidad es que nos faltaba la información correcta para entender que los cuerpos son diversos, que una vulva o un pene no te hacen el hombre o la mujer que eres, y que cuando puedes expresar quién eres por dentro, independientemente del cuerpo que tengas, las familias no podemos más que acompañar los procesos, sin prisa, pero sin pausa, a su lado, de la mano y con el amor más verdadero que conozco. El que te permite ser sin cuestionarte, el que se revisa por si como madre se está equivocando, el que no juzga, el que desaprende para volver a aprender y el que, por supuesto, defiende TU IDENTIDAD allá donde haga falta…

Y así es como comienza nuestra verdadera aventura, amándote tal y como eres, como el niño que siempre fuiste y nos faltó la información adecuada para verte de primeras, y contándole al mundo que, a pesar de tener cuatro años, eras quien nos decías que eras, porque entenderlo hizo que tus enfados y tu rebumbio se tornasen sonrisas y felicidad.

Algo tan sencillo como entender que la identidad de género tiene que ver con quién tú sientes que eres, mientras que la orientación sexual se refiere a quién te atrae, QUIÉN SOY frente a QUIÉN ME GUSTA, conceptos sencillos que mucha gente todavía hoy desconoce y sigue confundiendo la homosexualidad con la transexualidad y nada tienen que ver. Porque una persona trans* también puede ser homosexual, igual que ocurre con las personas cis, que no siendo trans, también podemos ser gays o lesbianas…

En tu quinto cumpleaños le dijimos al mundo que eras David, el niño que siempre estuvo y que no veíamos porque a papá y a mamá nadie hasta entonces les había explicado que la transexualidad infantil era una realidad y que los cuerpos diversos también, pero lo más importante es que tú habías llegado a nuestras vidas no sólo para ser el maestro de ellas, sino para ser feliz y esa era nuestra principal meta. ¡Eras perfecto!

Allá por el 2014, la realidad de las infancias trans en Canarias era casi desconocida, había algunos adolescentes en la única entidad LGTBI de aquellos años en Gran Canaria y nuestra llegada supuso la corroboración de lo que sospechaban, que las infancias trans existían. Pero llegábamos a una sociedad que no nos esperaba, que no era amable, que nos cuestionaba, nos juzgaba y nos miraba mal, pero lo peor es que esta sociedad dejaba a mi peque desamparado y sin ninguna Ley que lo protegiera. Parece de locos porque las infancias se cuidan y se protegen, pero la realidad es que eso sólo ocurre con las infancias CIS (personas que no son trans*), aquellas que como mi segunda hija cumplen con los roles de género y es una niña que siente que lo es desde siempre, y nadie ha dudado de ello, pero las infancias TRANS diez años después se siguen cuestionando. Así que como mi hijo no era menos que su hermana, si no había leyes que lo protegieran, yo iba a gritarlo a los cuatro vientos para que la sociedad se avergonzase y comprendiera que mi hijo no sólo era real, sino que merecía los mismos derechos humanos que su hermana. Y por lo tanto una infancia y una adolescencia felices.

En marzo de 2015, después de buscar en la isla referentes para mi hijo, de su edad en la entidad que había y sólo encontrar personas adultas y algún adolescente muy mayor, decidimos buscar fuera de Canarias, llegando a ser parte del segundo encuentro de familias de menores trans de España. Fue una experiencia tan enriquecedora y que nos dio mucha calma, porque eran familias con infancias trans como la nuestra y nos sentimos muy identificados y arropados, y pensamos: “si en Canarias no hay ninguna asociación de padres y madres de menores transexuales, la montamos nosotros” … Y así fue como en junio 2015 fundo Chrysallis Canarias A.F.M.T, Asociación de Familias con Menores Transexuales, que, años más tarde, pasaría a denominarse Asociación de infancias y juventudes trans* y cuya presidencia he asumido hasta marzo del 2023, con ilusión, no con pocas piedras en el camino, pero muy feliz por poder tender la mano a muchas familias a las que en algún momento también “les picaba el alma” y sabían que tenían una personita trans en casa a la que había que acompañar y que confiaran en mí, sin conocerme, para vivir sus tránsitos a mi lado, siendo su TRANSmadrina,  que es un regalo con el que yo no contaba cuando en el instituto soñaba con ser mamá de un peque del mundo. El universo fue tan generoso que me dio el que completaba el puzzle de mi vida, porque con él llegó la misión más bonita que conozco y que llevo viviendo casi una década. Cada acompañamiento forma parte de mi historia vital y verles crecer y convertirse en hombres y mujeres felices, es lo más bonito del mundo. Reconozco que se me cae la baba con cada une de elles. En todos estos años como presidenta de la entidad no cesaron las entrevistas en radios, televisiones o prensa, sensibilización a docentes y pediatras, muchos debates donde lo fácil era tildarme de madre permisiva y quizás algo loca, porque, como era una adopción, yo no sabía ser una “verdadera madre”… Si fuera por esos comentarios, junto con las miradas que parecían cuchillos, hoy estaría muerta, pero mirarlo, ver esa sonrisa en su cara, reconocer que antes nunca le había visto sonreír así, disipaba todas mis dudas y me daba la gasolina que necesitaba para volver a enfrentarme a cualquier opinión que lo cuestionara. Para eso estaba yo, para defenderlo del CIStema y para TRANSformarlo.

A mis tareas de mamá y arquitecta (que es mi profesión), añadí la de ACTIVISTA de corazón, que finalmente sería mi misión de vida y que, en la actualidad, es mi día a día.

En estos años, hemos logrado una Canarias más diversa, he participado desde el 2015 de forma activa en el activismo LGTBI canario, en la redacción del protocolo para el alumnado trans de Canarias, que era mi primera meta, porque mi hijo transitó en infantil de 5 años y que se le tratara como el niño que era, sin cuestionarlo, era una necesidad vital, ya que nuestres hijes pasan a veces más tiempo en el cole que en casa. Más tarde el protocolo sanitario, al que le siguió una Ley Canaria, que es de las mejores de España. La tarjeta sanitaria o el bono de transporte fueron algunos de esos logros que hubo que pelear en los despachos, sensibilizando a empresarios y políticos de todos los colores.

Hoy mi hijo, con casi 15 años, es un adolescente que vive su vida como el resto de sus iguales, sin ser una persona trans visible, pero orgulloso del trabajo de su madre. Hace un año comencé un proyecto personal de sensibilización empresarial, preparando el camino para la que será la siguiente etapa vital de mis hij@s, ya que el empleo es el “cole” de los mayores y, sinceramente, creo que las empresas no están preparadas para recibir a les jóvenes diverses que se vienen. Tenemos por primera vez en España una ley LGTBIQ+ que  recoge en su articulado la empleabilidad para las personas del colectivo y hemos de defenderlo, porque nuestres peques crecen y, en ocasiones, llegan a secundaria y se “armarizan” o a los puestos de trabajo y también se esconden,  a pesar de ser una generación formada, siguen teniendo miedo de ser cuestionades en sus empleos por su identidad u orientación y se callan, en ocasiones han de elegir entre SER o COMER y eso es algo inhumano que no quiero que vivan mis hij@s. Además, creo firmemente que las empresas que no se pongan al día perderán mucho TALENTO, que se irá allí donde sea bien recibido, porque todas las personas brillamos allí donde se nos valora y necesitamos ser parte de un proyecto común para dar cada día lo mejor de nosotres.

Si ya en el pasado me tocó abrir mil y una puertas sensibilizando a profes y pediatras, hoy sigo porque su vida continúa, tocando las puertas de las personas responsables de empresas, recursos humanos, que serán parte de la vida adulta de todes mis chiques, con la certeza de que hay que hacerlo y la ilusión de seguir “SEMBRANDO BONITO mi metro cuadrado”. 

Además, estoy segura de que será un WIN, WIN, WIN: gana la empresa por convertirse en un espacio de seguridad para todas las personas que trabajan en ella, ganan les trabajadores porque pueden ser libres de ser y eso te genera paz, yo al menos sí soy más productiva y talentosa. Y, por último, gana el cliente que se siente en un lugar donde se respetan sus colores y su diversidad, y eso le genera tranquilidad y repetirá.

Sólo espero que tú también te animes a “sembrar bonito” conmigo y dejemos como legado un mundo donde todas las personas tengamos cabida y los mismos derechos humanos.

Tú también puedes ser parte de la evolución y no de la involución, poque aquella sociedad que no recuerda su historia, sus errores, está condenada a repetirlos. Y yo no quiero vivir lo que vivieron mis abuelos, incluso mis padres, quiero una sociedad donde mis hij@s sean libres de ser y de amar… ¿me ayudas?

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