QUIERE-TE, RESPETA-TE, AYUDA-TE.

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Elena Suárez

Me llamo Elena y esta es mi historia. Hace algunos años, decidí romper el silencio que me había mantenido prisionera durante demasiado tiempo. Hablar de abusos sexuales a menores sigue siendo un tema tabú, un secreto que muchas personas,

por diversas razones, prefieren mantener en la sombra. Pero hoy, estoy aquí para cambiar eso, para alzar mi voz y decirle al mundo que este problema existe y afecta a más personas de las que podríamos imaginar.

Todo comenzó cuando tenía tan solo ocho años. El abuso, disfrazado de confianza y autoridad, se infiltró en mi vida diaria. Durante cuatro largos años, enfrenté una realidad que me robó la inocencia y dejó marcas invisibles en mi alma. La figura de un docente, un supuesto protector en mi entorno educativo, se convirtió en un depredador que oscureció mi niñez. En ese momento, no podía imaginar lo que aún estaba por llegar…

Cada verano acudía a un campamento. Me encantaban, conocía a muchos niños y niñas y vivíamos experiencias apasionantes. Pero en uno de ellos, me topé con otro depredador, que se aprovechó de mi inocencia una vez más y mi desconocimiento. 

Fue solo después de muchos años que pude articular lo que me sucedió. A medida que crecía, las imágenes y los recuerdos regresaban como piezas de un rompecabezas que tardé demasiado en armar. El proceso de asimilar la verdad, de reconocer que fui víctima de abusos, fue un viaje doloroso que duró más de veinticuatro años. La culpa, la vergüenza y la confusión se convirtieron en compañeras constantes, moldeando mi identidad.

La adolescencia se volvió una espiral de autodestrucción. 

Golpearme físicamente se convirtió en una válvula de escape, un intento desesperado de canalizar el dolor interior hacia el exterior. Me miraba al espejo y me repetía una y otra vez: “qué asco das, eres una vergüenza”.

Me metía en la cama, mordiendo la almohada para gritar, para evitar que se me escuchara desde fuera de mi habitación.  Mis relaciones amorosas fueron afectadas por las inseguridades sembradas por los abusos. El miedo a la intimidad y la creencia arraigada de que mi único propósito en la vida era soportar el sufrimiento marcaron mis elecciones. 

Llegó el momento para mí que describiría como aceptación de lo que me había pasado y me repetía una y otra vez: “he venido a este mundo únicamente para que los hombres abusen de mí.” Sí, muy triste haber llegado a esa conclusión. Pero cuando has pasado por situaciones traumáticas, la cabeza te juega malas pasadas…

Seguí viviendo con esa doble vida; de puertas para fuera era una persona y en mi habitación, mi refugio, era otra distinta. 

A los 18 años reaparece en mi vida “el profesor”. En mi puesto de trabajo, fruto de una mala casualidad. Hasta los 23 años que cambié de trabajo, aparecía constantemente y yo aún me quedaba muerta de miedo y sin poder articular palabra cuando lo veía.  

Sin lugar a dudas, mi salvación: mi hijo Víctor. Con 22 años fui madre, y digo mi salvación porque gracias a él mis intentos de quitarme la vida fracasaron.  

A lo largo de los años, luché con la idea de la denuncia. Cada vez que salía en la televisión un caso de abuso sexual, la culpa por no denunciar me invadía. La vergüenza y el miedo a no ser creída se entrelazaron con el deseo de proteger a otros inocentes.  En mi búsqueda de justicia, pedí ayuda para denunciar, pero la realidad psicológica que enfrentaba en ese momento me llevó a seguir el consejo de los profesionales que me desaconsejaron hacerlo.

Por suerte, además de mi hijo, encontré otra luz en mi camino: el desarrollo personal. Durante años, me adentré en ese apasionante mundo, al que me agarré como mi tabla de salvación. Ha sido un camino de muchas bajadas y subidas, pero conseguí que esas bajadas, paso a paso, fueran menores. Me acepté, me quité la culpa y la vergüenza, y hace unos años ya que puedo decir con la boca grande que “ME QUIERO Y ME RESPETO”.

Me certifiqué como Life Coach y hoy en día ayudo a personas en su gestión emocional, a conseguir sus objetivos y a que los miedos no les paralicen para alcanzarlos. 

Al narrar mi historia, no busco compasión ni simpatía. Solo quiero DAR VOZ a esas niñas y niños, mujeres y hombres, que por desgracia han pasado por lo mismo. Comparto mi experiencia para arrojar luz sobre la cruda realidad de muchos niños y niñas que enfrentan abusos, y para demostrar que, a pesar de la oscuridad, la esperanza puede prevalecer.

Investigar por mi cuenta se convirtió en una misión personal. Descubrí la alarmante cifra de menores que enfrentan abusos similares en silencio. Y que en su vida adulta siguen viviendo esas secuelas.  El secreto a voces en muchos entornos, la ignorancia en otros, destacan la urgencia de abordar estos temas de manera abierta y educativa.

Los colegios, como lugares de formación y desarrollo, deberían ser centros donde se aborden estos temas de frente. Charlas educativas dirigidas a padres y madres podrían ser la primera línea de defensa, equipando con los signos de alerta y las herramientas necesarias para proteger a sus hijas e hijos.

 La educación, tanto en el hogar como en la escuela, es clave para prevenir las secuelas devastadoras que el abuso infantil puede dejar.

Mi misión hoy es extender una mano a aquellos que luchan en la sombra, recordándoles que no están solos ni solas. La vergüenza no es su carga para llevar, y la oscuridad no tiene que ser su único compañero.

Si estás leyendo esto y has experimentado o estás experimentando algo similar, quiero que sepas que eres una persona fuerte, valiosa y que mereces una vida plena y feliz. Busca ayuda, comparte tu carga, porque hay comunidades de apoyo dispuestas a ofrecer la mano que necesitas.

Por mi parte, perdoné. Perdoné a todo aquel que me dañó. Me perdoné a mí misma por la culpa, la vergüenza que durante muchos años sentí. Y ese perdón, me liberó. Cada persona tiene su forma de sanar, su forma de avanzar. Y esa fue la mía.

El perdón me liberó, aunque para llegar a él, tuve que pasar por un arduo camino de crecimiento interior. 

Quiere-Te, Respeta-Te, Ayuda-Te.

Gracias por leerme. 

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