“ME HABÍA PLANTEADO SUPERAR LAS BARRERAS EXISTENTES PARA DAR VISIÓN A LA MUJER DENTRO DEL ARBITRAJE”

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Por Julia Martel Martín (Invitada)

Era un 28 de octubre de 1.980, cuando recibo esta notificación del Colegio de Árbitros de Fútbol de Las Palmas: “En contestación a su petición de inscripción al cursillo de árbitros e informadores, le comunico que la misma dará comienzo el próximo jueves día 6 de noviembre a las 20 horas, para lo cual le citamos”. Fue así como me convertí en la primera mujer en la historia en el cursillo de árbitros de fútbol de Las Palmas. Lo vi como un sueño cumplido, con metas y futuro, a pesar de que me condicionaran a dirigir solo partidos de categoría alevín, infantil y juvenil. Con el deseo expreso de que cambiara la legislación actual y llegar a categorías superiores, superé el cursillo. La ilusión por empezar a pitar no hizo mella en mí al convertirme, sin quererlo, en protagonista de una noticia que, desde mi interior, no aceptaba, pues tenía claro que aquello era algo normal, aunque no habitual. La primera prueba de fuego que me dieron fue la de arbitrar un partido del Campeonato de Aficionados en Valsequillo. También recuerdo mi primer partido oficial en el campo de fútbol de “Las Piscinas de la Isleta”, un sábado de enero de 1.980; estaba nerviosa, pues había mucha gente y estaba sola, y porque lo primero que escucho fue: “Mira, nos va a pitar una piba”. Aquel día saqué cuatro tarjetas y un penalti.

Fue una época de muchas entrevistas y preguntas, y todas tuvieron la misma respuesta; me había planteado superar las barreras existentes para dar visión a la mujer dentro del arbitraje y, de hecho, fue un gran paso, pues compartí conocimiento y estudio con otros 20 compañeros que me ayudaron en los campos de fútbol.

Fueron muchos los partidos que arbitré en categorías infantiles; pocos campos dejé de recorrer y, lo que menos escuchaba, eran las agresiones verbales que recibía desde las gradas. Siempre puse mi atención en las condiciones en que se encontraban los terrenos de juego para la práctica deportiva, denunciando las carencias de ellos mediante escritos anexos al acta. Eso, parece ser, no gustaba mucho. Se llegó a escribir -en algunas revistas deportivas- que la mujer no está preparada para arbitrar, “que había que darle seriedad al fútbol”.

Tuve la oportunidad de entrenar en el Estadio Insular con los compañeros de diversas categorías; no había ninguna acepción en la práctica de los ejercicios. Guardo un bonito recuerdo en un Campeonato de España de Aficionado Tamaraceite – Mazarrón, el día 16 de mayo de 1.981, porque, antes de comenzar el encuentro, me pidieron salir al campo para hacer un saque de honor y acompañar a los capitanes a depositar un ramo de flores ante el busto de Juanito Guedes. Las fotos de ese acto fueron censuradas y tuve que pedir disculpas públicas por hacer esto… era una mujer.

No fue nada fácil la lucha. Fui una árbitra incómoda para ciertos sectores políticos por mis denuncias ante las precarias condiciones en que se encontraban los terrenos de juego y sus dependencias, pero también estoy convencida de que aquello provocó mejorar muchas instalaciones.

El sábado 6 de junio de 1981, por motivos de trabajo, me traslado a Tenerife y me inscribo en el Colegio Tinerfeño de Árbitros, quienes aceptan la petición, convirtiéndome también en la primera mujer árbitra de Tenerife. Guardo una gran cantidad de recortes de prensa que atesoro de los numerosos encuentros que dirigí como árbitro y linier. Llegué a dirigir un encuentro de 3ª División, algo inalcanzable para una árbitra mujer. Se emitieron comentarios del tipo: “No concibo cómo se permite arbitrar a una mujer”. El caso es que no me afectaban estas críticas absurdas, a pesar de haberlas escuchado en muchos terrenos de juego, como: “Te doy una patada o un beso” o “lo tuyo son las labores del hogar”. Era lo que imperaba entonces: la desvalorización de las mujeres.

En 1986, regreso de nuevo a Las Palmas, yendo a Gáldar a vivir, donde reside parte de mi familia política, con la satisfacción de haber conseguido en Tenerife algo impensable: haber arbitrado categorías superiores Nacional.

La temporada 1991-1992, regreso de nuevo al Colegio de Árbitros de Las Palmas, y sitúo mi residencia definitiva en La Garita (Telde), lugar donde nací un 2 de febrero.

Transcurre una temporada llena de trabajo incansable, donde recorro todos los Campos de Gran Canaria, ascendiendo de categoría en el año 1993 y llegando a arbitrar categorías regionales.

Con el tiempo, fui conectando con los chicos y chicas, a quienes invitaba a participar en los CLINIC DE ÁRBITROS, que siempre se celebraban en Guía. Fueron tantos los que querían hacerse árbitros, que surge la idea de crear una Escuela de Árbitros. En el año 1996, se impartieron las clases, dentro de los objetivos de fomentar el deporte entre los jóvenes. Se logra que, de los 50 alumnos inscritos, también hubiera mujeres. Se define el proyecto de “La Garita, cuna de futuros árbitros”. Fui nombrada Delegada – Vocal de la Federación de Fútbol de Las Palmas, convertida de nuevo en la primera mujer que lo lograba. La Delegación de Árbitros supuso mucho trabajo y esfuerzo, y también tristeza, pues esa responsabilidad me llevaba a situaciones intolerables que suceden en muchos campos, como las agresiones e insultos, o el enfrentamiento con aquellos clubes que no colaboran por el buen orden del deporte. Mi descanso el fin de semana era ver que, en las actas de los árbitros el domingo a las cuatro de la tarde sobre mi mesa, no había ocurrido nada. Hasta el año 2001 trabajamos por el juego limpio, pero nos encontramos con el principal problema, que es la violencia que se deriva en los campos de fútbol de la incomprensión.

Por último, mi agradecimiento a Antonio Suárez, presidente de la Federación Insular de Fútbol, y Esteban Hernández Galván, presidente del Colegio de Árbitros de Las Palmas, que me dieron independencia y autonomía para hacer todo cuanto realicé. 

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