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“LA VIDA ESTÁ AQUÍ Y AHORA; SI ALGO TE RONDA LA CABEZA, HAZLO”

Por Lorena Umpiérrez (Teror)

En el pueblo en el que nació y creció, Lorena Umpiérrez decidió construir, hace dos años, su propio ‘Castillo de Cristal’. La antigua parada de taxis de la Villa Mariana de Teror le da nombre a uno de sus sueños: L’arrêt -La Parada en francés-, una boutique de ropa y calzado, hasta el pasado viernes exclusivamente de mujer, cuando dio un giro de 180 grados, para adentrarse en el estilismo de hombre en el local contiguo.

El apoyo incondicional de su hija Alba y su marido Marcos fue el empuje necesario para que Lorena decidiera emprender en el lugar en el que siempre había querido: su Teror natal, donde confiesa que se siente “muy orgullosa” de que esté su tienda.

La historia de Lorena se remonta a 1977, cuando nace en el seno de una familia trabajadora, donde nunca le faltó de nada. Hija de unos padres luchadores que se enfrentaron a todas las adversidades que les puso la vida. Creció en el barrio de El Palmar, junto a su hermana y sus abuelos, con quienes formó un vínculo muy especial que le ha marcado su vida.

En la adolescencia se marchó de Teror para formarse como personal sanitario y, con 18 años, comenzó a trabajar en San Juan de Dios. Fue en ese momento, y con su primer empleo, cuando volvió a Teror. Su experiencia en este lugar le llenó de vida y reconoce que es un sitio en el que le “encantaba” trabajar: “Trabajas con personas que siempre te reciben con una sonrisa y aunque no cobraba mucho me compensaba con lo que tenía en el trabajo”.

Después de 12 años se fue a trabajar al Servicio Canario de Salud (SCS), donde se formó en servicios “maravillosos” como tocología, paritorios, oncohematología o farmacología: “Di con compañeros que estaban muy quemados de la situación y con gente maravillosa, pero te das cuenta de que la vida está aquí, ahora y hay que vivirla”.

Durante su trabajo en el hospital se produce la llegada al mundo de su hija Alba, quien arrojó luz a uno de los momentos más duros de su vida: el fallecimiento de su abuela. Con el nacimiento de ella y con la clara decisión de no tener más hijos, decide, gracias al apoyo de su marido, congelarse en las listas del SCS para dedicarse al cuidado de su pequeña durante casi seis años, ya quería “estrujar” el ser madre al máximo: “Fui la mujer más realizada y feliz de mi vida, volvería a hacerlo 1.500 veces más”. Hoy, con 15 años, Alba es uno de sus grandes apoyos.

Hace algo más de dos años, su cuñado, que tenía una boutique en Ingenio, ‘De Aire’, le comenta que va a cerrar su tienda y le propone cogerla. En un ápice de luz se le ocurre traer esa tienda a Teror. Fue en ese justo momento cuando empezó a forjar el que hoy es su sueño hecho realidad: L’ârret. “Siempre he sido muy presumida y me encanta la moda, yo iba a las ferias a elegirle mercancía a él”, cuenta.

Tras recibir la fuerza de su hija, su marido y el resto de su familia, empezó a buscar un local en Teror. Y con un brillo especial recuerda el momento en el que encontró el que hoy es el local de su boutique: “Cuando entré en aquella pequeña habitación dije: aquí hago milagros, mi pequeño castillo de cristal, lo veía todo colocado, la ropa, el calzado…”. Empezó con marcas más habituales y poco a poco se ha adentrado en algunas de mayor calidad.

“Desde el minuto 0 tuve una respuesta maravillosa”, dice mientras se le ilumina la cara, al tiempo que añade: “Mis clientes VIP son mis vecinos y vecinas, mis amigos…”. Se siente “muy orgullosa” de que su tienda esté en Teror, donde considera que hay una materia prima “maravillosa” y una juventud “espectacular”: “Somos un pueblo grande y es muy importante tener a la Virgen del Pino -patrona de Canarias-, pero es importante que los que estamos a su alrededor acojamos a esas personas que vienen a ver a la virgen y que no solo sea un objetivo para hoy sino para siempre”.

En estos momentos está viendo luz su segundo proyecto: la tienda de moda masculina. Una idea en la que estaba trabajando antes de la llegada de la COVID-19 y que ahora es una realidad. Con el apoyo y la mano de obra de toda su familia natural y política, en muy poco tiempo logró darle un cambio radical al local para conseguir su objetivo: “Yo quiero que todo esté en armonía, que cuando llegues a la tienda te transmita una situación agradable, cálida y que quieras volver”. Considera fundamental la existencia del comercio local, donde las personas que te atienden hacen de asesores, psicólogos y

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