CUANDO EL SISTEMA NOS INVISIBILIZA…

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1942

Mara López.

Mucho se habla del cuidado de las enfermedades mentales y de darle visibilidad a las mismas, de hecho, hay un día, el 10 de octubre, que es el “Día Mundial de la Salud Mental” y su objetivo es concienciar a la población acerca de los problemas de la salud mental, y yo me pregunto, ¿para qué?, ¿alguien se ha parado a pensar?

Llevo dos años arrastrando una enfermedad mental  diagnosticada  por un especialista de la medicina, en mi caso, todos los factores que pueden motivar mi estado son externos y además de gravedad y persisten en el tiempo. Acudo a profesionales de la salud mental que tengo que costearme yo porque la sanidad pública no tiene o dedica los recursos suficientes a estas enfermedades y además, tengo subidas y bajadas, esto  es,  como vivir en una montaña rusa, la montaña rusa de las emociones. Una hace el esfuerzo por estar bien, porque te vean bien, por ser optimista, por relativizar, por no quejarte…, ¿y qué supone eso?, que la gente te ve bien y ya no parece que estés enferma, la enfermedad es invisible.

Pero el problema no es solo que tengas que luchar con esa invisibilidad a nivel social, que al fin y al cabo tú no quieres tanto que se vea, porque te consideras una mujer fuerte y sabes que vas a salir, aunque te hayas pasado una semana entera en la cama sin levantar cabeza, el problema está cuando es el sistema, el propio sistema sanitario el que te invisibiliza. A mí particularmente me sucede que en noviembre, antes de que se cumplieran mis dieciocho meses de baja laboral y con un tratamiento bastante fuerte que me dificulta realizar tareas cotidianas, a veces no puedo ni conducir, justo a la semana después de una recaída en la que además me mandan un refuerzo, recibo un mensaje del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social). Este mensaje se recibe por SMS, es decir, que si no tienes cobertura, si tienes el móvil estropeado o estoy en esos días críticos de crisis, de migrañas que no conecto el móvil, me quedo sin ver el mensaje y no me presento a la cita. En este mensaje te indican que al día siguiente tienes cita y que debes llevar toda la documentación, los nervios, la ansiedad, la angustia, la taquicardia te invaden, ¿piensas de dónde saco yo toda la documentación para mañana?, pero por si no lo has entendido bien, tienen la gran amabilidad de mandarte a la hora otro SMS recordándote el mensaje anterior, si inaudito, no te lo mandan la semana anterior para que puedas preparar la documentación y el día anterior de recordatorio, no, te lo mandan el día anterior y a la hora siguiente el mensaje de recordatorio, a mí esto me parece inaudito.

Tengo la suerte de contar con una psicóloga que además de una gran profesional es una grandísima persona y se toma la molestia de prepararme un informe y me lo entrega a la 1 am. Esa noche apenas duermo, me presento en la cita y me llaman. Al principio la inspectora ni siquiera me mira, te tienes que sentar en una silla a tres metros de distancia, empieza a mirar tu expediente, te pregunta si has llevado más documentos, cuando le intentas explicar que solo tienes ese informe de la psicóloga que es lo único que le dio tiempo de hacer por la falta de tiempo, te contesta con tono firme que una vez el médico no te da más citas para renovar las bajas esa documentación tiene que estar preparada en casa por si ellos te llaman, ¿y yo cómo debo saber eso si nunca he estado en esta situación le pregunto? Ni me mira y sigue con el papeleo y ya una vez va leyendo, veo que le va cambiando el semblante, va relajando el rictus y finalmente me pregunta que como estoy y como me siento. Le explico mi situación, la situación familiar, la situación de mi hija, y creo que empatiza conmigo, hasta el punto de que me dice que ella no puede tomar una decisión. Que ella me entiende, que me entiende como madre, como mujer y como profesional, así que tiene que llevar ese caso a su superior. Que en unos días me llegará un SMS o por carta comunicándome una resolución. Me voy algo más tranquila porque creo que me ha entendido, ¿quién no va a entender por lo que estoy pasando?, pienso.

Al día siguiente, SMS del INSS, tengo una notificación, me dan el alta con fecha del día anterior, con lo cual, nada, nada, absolutamente nada de lo que tengo les ha importado. ¿Por qué si mi médico de cabecera considera que sigo enferma y si mi psicóloga entiende que con mis patologías no estoy en condiciones de incorporarme a ningún puesto de trabajo, ellos que me atienden 10 minutos y su superior que ni siquiera me atiende, me dan el alta? Pues según leo en los informes no tengo ninguna patología física que me impida desarrollar mi trabajo.

Me va a explotar la cabeza, la crisis de ansiedad es brutal, no sé qué hacer, pero si mi baja es por una enfermedad mental como puede ser que me des el alta porque no tengo ninguna patología física que me impida desarrollar mi trabajo, eso ya lo sé yo, tengo una patología psicológica, ¿es o no es esto una forma de invisibilizar las enfermedades mentales desde el propio sistema?, ¿es o no es esto maltrato institucional? Pierdo mi trabajo, soy incapaz en mi estado de desarrollar las funciones de mi trabajo con las garantías y seguridad que mi puesto requiere, por lo tanto, es que ni me puedo plantear volver, es increíble como arruinan tu vida, la de tu familia, te quedas en un estado de incertidumbre total y absoluta.

¿Y por qué expongo esto el día de la mujer?, se preguntarán muchos, si a muchos hombres también les pasa, si el INSS no distingue entre mujeres y hombres. Pues lo voy a explicar. Porque según la OMS (Organización Mundial de la Salud), las mujeres tienen más probabilidades de sufrir depresión y ansiedad, este es un dato que se tiene muy poco en cuenta, pero no deja de ser real, de hecho, sufren el doble de problemas mentales que los hombres. Estas enfermedades conllevan una angustia añadida de circunstancias personales y sociales, y estos dos aspectos, son en los que las mujeres, en esta sociedad patriarcal, tienen las de perder. 

Este tema debe abordarse desde la perspectiva de género y con dos variantes, por un lado, los desequilibrios hormonales que las mujeres sufren en el cuerpo a lo largo de la vida, y, por otra parte, tenemos que tener en cuenta “los mandatos de género”, es decir, todos aquellos comportamientos que las mujeres realizamos porque nos han sido inculcados desde el nacimiento y se espera de nosotras. No debemos olvidar que vivimos en un mundo pensado para el hombre, en una sociedad patriarcal, donde la mujer aún tiene un papel mucho más complicado que el del hombre: mayores índices de pobreza, menor remuneración salarial, más vulnerabilidad ante las violencias de género y sexuales, dificultades para la conciliación, el papel de cuidadoras…, todos estos roles suponen un peso y una carga que termina convertida en mayor insatisfacción y de ahí puede derivar en cuadros de depresión y ansiedad según los estudios.

Son muchas las mujeres que sufren las cargas familiares, de trabajo, hogar e hijos solas o con una mochila mucho más llena que la de su pareja, son muchas las mujeres que acuden a su médico de cabecera y le dice que lo que tiene no es para tanto, que tiene que ir pensando en incorporarse ya porque estar de baja no le ayuda, son muchas las mujeres que pasan por un proceso de un aborto programado, le dan el alta, la mandan para su casa y no reciben ni una sola llamada de un especialista en salud mental, son muchas las mujeres que tras un aborto espontáneo no reciben ni la baja, te atienden como si tuvieras un sangrado de regla y para tu casa, son muchas las mujeres que hemos estado años sufriendo reglas insufribles y cuando salió la ley de la incapacidad temporal por menstruación se puso el grito en el cielo porque iba a haber una “manada” de mujeres dejando sus puestos de trabajo de manera injustificada todos los meses, cosa que no ha ocurrido, y que deja claro, que las “manadas” solo las crean aquellos hombres que justifican agresiones sexuales en grupo, y de esas, por desgracia, sí que hay… 

En definitiva, son muchas las mujeres que son invisibilizadas de una manera u otra, ante un trauma como las agresiones sexuales, por agresiones físicas, por depresiones, crisis de ansiedad, abortos, puerperio, intervenciones quirúrgicas que afectan a su aparato reproductor, mastectomías, situaciones de pánico en el trabajo, acoso laboral, y un largo etcétera. 

Hoy día 8 de marzo de 2024 hago más reivindicativo este día para todas y cada una de esas mujeres que sufren esas enfermedades mentales en silencio, en la sombra, invisibilizadas por la sociedad, pero peor aún invisibilizadas por el propio sistema. Sueño con una sociedad violeta, feminista, igualitaria y justa, donde se entienda que la salud mental sea parte fundamental de las bases de nuestra sociedad, donde acudir a un psicólogo no tenga que suponerte un sueldo y donde la Seguridad Social le dé la importancia real que le tiene que dar. 

1 COMENTARIO

  1. Un artículo impecable, que refleja la realidad de las mujeres tal cual es, en una sociedad en la se nos exige constantemente de todo y no tenemos derecho a estar mal, ni a la queja, ni al descanso. Hemos de estar al 100% siempre, en todo, el trabajo, los niños, la casa, la comida, la
    Pareja y cuando te enfermas ya te borran, ya no existes o eres una carga, o lo más ususal: te lo estás inventando. Todo mi apoyo!

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