Por Patricia Tovar.
Hay madrugadas de estudio, renuncias silenciosas, momentos de incertidumbre, puertas que se cerraron y lágrimas que nunca aparecieron en ninguna fotografía. Hay personas que confiaron cuando ni siquiera una misma estaba segura del camino. Y hay valores que se convierten en brújula cuando todo parece ponerse cuesta arriba. Por eso, si hoy tengo la oportunidad de escribir estas líneas, no quiero hablar únicamente de logros profesionales, empresas o proyectos. Quiero hablar de las personas que me enseñaron quién soy y de las experiencias que me permitieron llegar hasta aquí. Cuando miro atrás, no veo únicamente los proyectos que he desarrollado o las empresas con las que he trabajado. Veo a una niña que creció rodeada de personas que le enseñaron el valor de la humildad, el respeto, el sacrificio y el trabajo bien hecho.
Y quizás ahí comenzó todo mucho antes de que existiera TOVAR EQUALITY.

Si hoy tengo la oportunidad de escribir estas líneas, no es porque considere que mi historia sea más importante que otras… Todo lo contrario. Creo que mi historia es la de muchas personas que han tenido que abrirse camino desde abajo, con esfuerzo, incertidumbre y mucho trabajo. Cuando miro atrás, no veo únicamente los proyectos que he desarrollado o las empresas con las que he trabajado. Veo a una niña que creció rodeada de personas que le enseñaron el valor de la humildad, el respeto y el sacrificio. Tuve la suerte de criarme junto a mis abuelos, Carmen y Luciano. Ellos fueron mi refugio, mi ejemplo y mis primeros maestros. No tenían grandes discursos sobre el éxito, pero sí algo mucho más valioso: una forma de vivir basada en la honestidad, la bondad y el trabajo diario. Me enseñaron que las personas valen por cómo tratan a los demás, que la palabra tiene valor y que, con esfuerzo y humildad, se pueden alcanzar metas que parecen imposibles. Mi madre también ha sido una de las grandes inspiraciones de mi vida por su gran resiliencia y a pesar de las dificultades que ha tenido siempre muestra una sonrisa. Madre soltera de tres hijos, trabajadora incansable y ejemplo de superación, me enseñó que rendirse nunca es una opción. La vi superar dificultades que, en muchos momentos, parecían insalvables. De ella aprendí que la fuerza no consiste en no caer, sino en levantarse cada vez que la vida te pone a prueba, por eso decidí que mi empresa llevara el apellido TOVAR. Quise poner en valor el apellido de la mujer, un apellido que tradicionalmente ha quedado en segundo plano, y convertirlo en el primero. Para mí simboliza mis raíces, el esfuerzo de las mujeres de mi familia y todas aquellas mujeres que, desde el anonimato, han luchado para que las siguientes generaciones pudiéramos llegar más lejos. TOVAR EQUALITY no es solo el nombre de una empresa. Es también un reconocimiento a esas mujeres que me enseñaron que el trabajo, la humildad y la perseverancia son capaces de transformar cualquier sueño en realidad.

Por eso, cuando la gente me pregunta cómo he llegado hasta aquí, siempre respondo lo mismo: Trabajando. No existe una fórmula mágica. No ha habido atajos. No ha habido golpes de suerte extraordinarios.
Ha habido muchos años de estudio, formación continua, jornadas interminables, fines de semana trabajando y momentos en los que tuve que priorizar mis objetivos profesionales por encima de mi tiempo libre o incluso de mi vida personal. Como cualquier persona que emprende, he sentido miedo, dudas y cansancio, me he sentido muy sola. He cometido errores y he tenido momentos en los que no sabía si estaba tomando el camino correcto. Pero siempre tuve claro algo: quería construir un proyecto que aportara valor a la sociedad y ayudara a las personas. Si hay algo que ha guiado mi trayectoria profesional desde el principio es la defensa de las personas más vulnerables. Más allá de mi labor como abogada o docente, siempre he sentido una profunda responsabilidad por contribuir a construir una sociedad más justa e igualitaria.

He dedicado muchos años a estudiar, investigar y trabajar en materias relacionadas con la igualdad, la diversidad, la inclusión, la violencia de género, los derechos del colectivo LGTBI y la protección de aquellas personas que, por diferentes circunstancias, se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad. No lo entiendo únicamente como una profesión; para mí es una vocación. Creo firmemente que el conocimiento tiene sentido cuando se pone al servicio de las personas y cuando es capaz de generar cambios reales en la vida de quienes más lo necesitan.
Con esa idea nació TOVAR EQUALITY.

Un proyecto que comenzó con mucha ilusión, muy pocos recursos y una enorme convicción de que las empresas podían convertirse en espacios más igualitarios, inclusivos y respetuosos, comencé desde cero, en casa. Lo que empezó siendo un pequeño proyecto se ha convertido, con el paso de los años, en una entidad de referencia en Canarias en materia de igualdad, diversidad e inclusión. Hemos tenido la oportunidad de trabajar con más de 250 empresas y organizaciones, acompañándolas en sus procesos de transformación, ayudándolas a implantar medidas que mejoran la vida de las personas trabajadoras y construyendo juntos entornos laborales más justos, con más de 10 mil personas formadas y llevando a una de las empresas que llevamos a la excelencia y compromiso con lo que hacemos junto a empresas tan reconocidas como BBVA, ING, LUOIS VUITTON, COLGATE, entre otras, siendo una de las TOP LÍDERES en España. Sin embargo, sigo pensando que los números solo tienen sentido cuando detrás existe un propósito.
Por eso, en TOVAR EQUALITY, antes de valorar la experiencia, la formación o cualquier otra cualidad profesional, hay algo que considero imprescindible: el compromiso real con los valores que defendemos. Las personas que forman parte de mi equipo deben creer en aquello por lo que trabajamos. Porque la igualdad, la diversidad o la inclusión no pueden convertirse en simples palabras dentro de una estrategia empresarial. Requieren convicción, sensibilidad y coherencia. Siempre digo que los planes, los protocolos o las certificaciones son importantes, pero lo verdaderamente transformador son las personas que hay detrás de ellos. Me siento profundamente afortunada por todo lo que hemos conseguido construir durante estos años. No solo por el crecimiento empresarial, sino por haber tenido la oportunidad de impulsar proyectos que pueden contribuir a generar cambios reales en nuestra sociedad.

Uno de los hitos que más orgullo me produce ha sido la firma, desde nuestro despacho, del primer acuerdo de medidas planificadas LGTBI negociado con las organizaciones sindicales más representativas de Canarias. Un proyecto que demuestra que el diálogo social puede convertirse en una herramienta extraordinaria para avanzar en igualdad y diversidad dentro de las organizaciones. Asimismo, he tenido el privilegio de participar en la creación de la Norma Equality 2030, desarrollada junto al Instituto del Valor Compartido y una cátedra de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, una iniciativa pionera que nace con el objetivo de ayudar a las organizaciones a avanzar hacia la excelencia en materia de igualdad, diversidad e inclusión. Nuestra visión va mucho más allá del mero cumplimiento normativo, dado que cumplir con la ley ya sabemos que es una obligación, pero creemos que las empresas pueden aspirar a mucho más.
Queremos organizaciones que integren la igualdad en su cultura, que entiendan el valor de la diversidad y que actúen desde el convencimiento y no únicamente desde la exigencia legal. La verdadera transformación se produce cuando una empresa deja de preguntarse qué está obligada a hacer y comienza a preguntarse qué puede hacer para ser mejor, más justa y humana.
Si algo he aprendido durante este camino es que el verdadero éxito no consiste en llegar más lejos que los demás, sino en seguir siendo la misma persona cuando llegas. Hoy sigo trabajando con la misma ilusión, la misma cercanía y los mismos valores, porque sigo creyendo que las cosas importantes se construyen poco a poco, con constancia, con honestidad y sin olvidar nunca quién eres ni de dónde vienes. Antes de terminar estas líneas, me gustaría dedicar unas palabras a una de las personas más importantes de mi vida: mi abuela Carmen. El pasado 21 de diciembre nos dejó físicamente, pero su presencia sigue acompañándome cada día. Gran parte de la mujer que soy hoy se la debo a ella. A sus valores, a sus enseñanzas y a ese amor incondicional que me acompañó durante toda mi vida.

Gracias, abuela y madre, por enseñarme que los sueños se construyen con esfuerzo, pero también con corazón.
Este artículo, y una parte de todo lo que soy, es para ti.