Por David Godoy Suárez
En España, la aprobación de la Ley de matrimonio igualitario cambió por completo la visión y el rumbo del colectivo LGTBI en nuestro país. Esto no es magia, es el resultado de la lucha de muchas personas que durante años se expusieron y trabajaron para conquistar un derecho, la igualdad de trato.
Normalizar y hacer extensivo los derechos a toda la ciudadanía hace que una parte de ellos dejen de estar excluidos y se dignifica a la persona mediante el ejercicio de dar visibilidad y oportunidades.
La lucha de todas esas personas y colectivos hace que las generaciones que hemos venidodetrás disfrutemos de una realidad mucho más amable y normalizada. Uso amable porque larealidad es que a día de hoy se siguen dando situaciones de discriminación social, laboral y familiar.

Muchos sufren acoso, agresiones o rechazo por el simple hecho de ser quienes son. Ennumerosos lugares del mundo, la orientación sexual o la identidad de género siguen siendomotivo de persecución, criminalización e incluso condena. Por ello, el Orgullo sigue siendo necesario: porque mientras exista una sola persona que no pueda vivir plenamente su identidad o expresar su afecto en libertad, la lucha por la igualdad no habrá terminado.
Quienes ostentamos la responsabilidad de representar, desde cualquier posición, un cargopúblico, tenemos un deber aún mayor por llevar esa visibilidad y defensa del colectivo. Muchas personas, por diversos motivos, no encuentran referentes a los que aferrarse para sacar fuerzas y liberarse.
En una sociedad que se hace llamar libre y avanzada nadie debería tener que sentir valentía para demostrarse como es, solo tendría que bastar ser uno mismo. Nadie tendría queesconderse o demostrar ser lo que no es. Reivindicar el Orgullo es defender una sociedad en la que nadie tenga que esconderse para sentirse seguro.
Por eso es importante exigir políticas públicas que garanticen la protección de los derechoshumanos, la educación en el respeto a la diversidad, la atención adecuada a las personas LGTBI, la prevención de los delitos de odio y la construcción de espacios verdaderamente inclusivos. Es también reconocer la pluralidad de experiencias que existen dentro del colectivo y escuchar especialmente a quienes enfrentan múltiples formas de discriminación.Estas situaciones se hacen especialmente necesarias en ámbitos rurales o alejados, que implican, a priori, sociedades más conservadoras donde lo ‘’diferente’’ es señalado y percibido como una amenaza.
Las sociedades diversas nos hacen más libres y nos fortalecen como comunidad. El ejemplo de lucha y acompañamiento que, de manera recíproca, hemos vivido las personas LGTBI y las mujeres debe ser exportado a toda la sociedad, donde la protección, cuidado y empoderamiento de los ‘’débiles’’ debe ser el vehículo que mueva a la sociedad, arrinconando actitudes de violencia verbal o física.

Lejos de quienes piensan que todo está hecho y logrado, hoy más que nunca debemos fortalecernos y multiplicar las ganas. La demonización, rechazo u ocultamiento que algunos pretenden amenaza el avance de la consecución de derechos y libertades.
En un momento en el que los discursos de odio encuentran nuevos espacios para difundirse y en el que algunos derechos que parecían consolidados son cuestionados en distintos lugares del mundo, el Orgullo adquiere una relevancia renovada. Defender los derechos LGTBI no significa reclamar privilegios, sino garantizar que los principios de igualdad, libertad y no discriminación sean efectivos para todas las personas. Los avances sociales nunca son irreversibles; requieren vigilancia, compromiso y la participación activa de una ciudadanía que entienda que los derechos humanos se fortalecen cuando se protegen para todos y todas.
Por eso quiero hacer un reconocimiento y, que sirva como ejemplo, de todas las personas que, en momentos muy complicados, dieron la cara y arriesgaron sus vidas para lograr todo lo que hoy tenemos. Alcemos la voz por quienes ya no están, por quienes aún no pueden hacerlo y por las generaciones futuras. Reivindicamos un presente libre de discriminación y un futuro donde ninguna persona tenga que crecer sintiendo miedo, vergüenza o soledad por ser quien es. Porque el Orgullo no es solo una fecha en el calendario: es una defensa permanente de la dignidad humana, la diversidad y la justicia social. Mientras exista desigualdad, habrá motivos para reivindicar; mientras exista esperanza, habrá razones para seguir avanzando.